Por Nino Bernardo (entrevista)
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SAFARI CHISAU
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En Hong Kong, cada vez que alguien recibía un puñetazo en la cara y sufría un corte, el chisau se detenía para permitir que la persona se apartara, se fuera a limpiarse y luego regresara al entrenamiento. Tomé esa tradición y la llevé al Basement en Londres. Descubrí que, si teníamos que hacer pausas durante el entrenamiento, eso rompía el flujo y dificultaba la continuidad de la práctica.
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Fue entonces cuando tuve una idea inspirada por una tendencia que estaba en las noticias en ese momento. Me parece recordar que fue el movimiento por los derechos de los animales el que sugirió que las personas fotografiaran a los animales en lugar de dispararlos durante un safari. De esa observación nació lo que llamé el chisau safari. En lugar de golpearnos entre nosotros, propuse que capturáramos imágenes. De esta manera, las pausas se reducirían y el chisau podría fluir de manera más suave y continua.
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Procedí a definir que la cámara sería el antebrazo y que el blanco, el objetivo, sería seleccionado trazando una línea recta invisible desde el codo a través de la muñeca. A uno de los chicos se le ocurrió la idea de tomar fotografías con un enfoque más parecido al de un espía, en lugar de un turista, y añadí además que no estaría permitido golpearnos con la lente de la cámara, para evitar lesiones innecesarias y mantener la disciplina de la práctica.
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Con el paso de los años, y ya establecido en Ibiza, varios de mis alumnos se entrenaban en un parque cuando, por casualidad, se encontraron con algunas personas que reconocieron el chisau. Al saber que eran mis alumnos, destacaron con orgullo que, en su escuela, se pegaban. Yo que ellos, no estaría tan orgulloso. El chisau que practicamos tiene un perfil distinto, más enfocado en la técnica, la disciplina y la fluidez. En el chisau no hay ni ganador ni perdedor…