Aikido. Si no sabes a donde vas, acabarás en otra parte…

Por José Santos Nalda Albiac
Dan Aikido
Maestro especialista Refejyda
https://aikicontrol.blogspot.com
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La práctica del Aikido se desarrolla creando un escenario de acción entre dos personas, una juega el papel de atacante, y la otra juega el papel del que se defiende con técnicas de Aikido. Bien entendido que los dos actores saben de antemano lo que va a hacer cada uno de ellos, escenificando una agresión simulada –no real–, que será neutralizada por el defensor, sin más resistencia del atacante, que pasivamente se deja hacer la técnica convenida en cada repetición.
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Ésta es la forma de practicar que permite, al principiante, aprender a ejecutar los movimientos de Aikido de la manera más fácil y conveniente en los primeros meses.
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En este marco de aprendizaje, prolongado en el tiempo, parece que todas las técnicas sirven para todo tipo de ataques, pero la realidad no permite el engaño y muestra con meridiana claridad que no todo sirve para todo.
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El error que se observa en muchos dojos es que los altos grados (1º, 2º, 3º… Dan) siguen entrenando con el mismo modelo de práctica en el que ambos actores conocen previamente lo que va a hacer cada uno, y además ciñéndose al abanico de técnicas establecidas oficialmente para cada grado Kyu o Dan.
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Salirse de este modo operatorio, es para muchos aikidokas como una traición o desnaturalización del método heredado, que se supone todos debemos respetar, sin añadir ni quitar nada. Desde esta concepción del Aikido, lo condenamos a privarse de las ideas conocimientos y experiencias de otras fuentes y otros expertos que podrían enriquecerlo.
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Desafortunadamente, aquél que desde una amplia experiencia se atreve a sugerir la necesidad de evolucionar en algunos aspectos, no es comprendido ni bien visto por la comunidad de aikidokas avanzados.
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Se entrena la técnica por la técnica, sin buscar otras cualidades, actitudes o valores que podrían mejorar su aplicación y su eficacia, siempre desde la voluntad de no causar daño físico ni moral al compañero atacante.
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¿Quién habla hoy en los entrenamientos de la búsqueda constante de la superación personal en el ámbito físico, técnico, mental, emocional, ético y espiritual?
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¿Quién habla de los valores del código moral del Budo como la cortesía, coraje, sinceridad, honor, modestia, respeto, autocontrol, amistad, benevolencia…?
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¿Quién habla con sentido y sin misticismos innecesarios, de la búsqueda de la armonía en sí mismo, y con los demás…?
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Posiblemente sea ésta la causa por la que muchos aikidokas se estancan, se aburren y abandonan la práctica, decepcionados porque no han encontrado todos esos beneficios físicos, mentales y éticos que promete la publicidad de clubs, vídeos, libros, stages, etc.
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Es necesario caer en la cuenta que estamos en el Siglo XXI y las necesidades, las expectativas y las preferencias de las personas no son las mismas que hace sesenta años, cuando el Aikido llegó a nuestras tierras, pero seguimos ofreciendo y practicando este Arte de la misma manera que en sus inicios.
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Podríamos pensar que esta ausencia de evolución o puesta al día sea el motivo de que son pocos los que llaman a la puerta de un dojo para iniciarse, y no son menos los que abandonan por falta de sentido y de estímulos.
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Es muy bonito predicar que el Aikido es el arte de la no violencia, de la paz, de la armonía y caer de inmediato en la contradicción mostrando vídeos en los que la violencia del que se defiende es mucho mayor que la del agresor.
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No es nada fácil servirse del Aikido como un arte que permite neutralizar a un agresor sin causarle daño, es muy difícil, y requiere entrenar de otra manera más inteligente que la que se limita a un ataque y una defensa determinados previamente por los dos actores.
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Pasar años entrenando según este modelo, no capacita a nadie para beneficiarse de todas las virtudes que se le atribuyen al Aikido o salir airoso de un enfrentamiento real, porque la colección de técnicas aprendidas, no es suficiente si no van acompañadas de otras cualidades y actitudes mentales, emocionales, éticas, etc. que deberían enseñarse y practicarse precisamente a través de las técnicas.
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Las personas que han elegido la práctica de las disciplinas Budo, no pueden conformarse con aprender solamente técnicas de combate, con armas obsoletas o a manos vacías, pues tales destrezas no son el objetivo final, sino el medio para adquirir una buena formación humana, según el pensamiento y la voluntad de sus creadores.
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El problema es que nos engañamos todos, creyendo que poseemos una técnica depuradísima, y una eficacia extraordinaria, cuando esa capacidad real solo existe en la imaginación de cada uno. Muchas de las acciones que se muestran en los vídeos con la intención de manifestar la eficacia del Aikido, no son creíbles ni reales y suscitan la risa o la tristeza de aquellos que buscan la auténtica verdad de este arte marcial.
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En otro orden de cosas, pero al hilo de la deriva del Aikido, es penoso contemplar exámenes de 3º, 4º, 5º Dan… y pasar vergüenza ajena, viendo la grandísima falta de competencia de la mayoría de los que optan a esas categorías, un hecho que induce a pensar que tales candidatos no son conscientes de su propia ignorancia e ineptitud, amén de su falta de saber hacer y saber estar.
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Y naturalmente si el examinado no está preparado, ¿Qué pensar del maestro que no se la ha hecho saber?, ¿Y qué pensar de los maestros examinadores del tribunal, que los aprueban y los felicitan por su “excelente” examen? Con frecuencia el que se examina es alumno de algún miembro de la mesa del tribunal…
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Seguir practicando, por todo el tiempo que establecen las normas para tener opción a examinarse de un grado superior, no significa que el aikidoka haya alcanzado la destreza y madurez requerida, pero en algunos dojos hay quienes deciden presentarse por que ya han cumplido el tiempo exigido, como si ese argumento justificase por sí solo el derecho a pasar de grado. Grave error.
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Se diría que en general, el conjunto de federaciones, asociaciones, dojos, etc. de ámbito nacional y europeo, se han estancado en la forma tradicional de transmitir el Aikido, descuidando las aportaciones de otras fuentes del saber actual que pueden enriquecerlo y adaptarlo a las necesidades de la sociedad del Siglo XXI.
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La prueba de que no estamos en el buen camino es el descenso alarmante de licencias y personas que no sienten ningún interés por un arte tan educativo como es el Aikido.
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Nadie da lo que no tiene, en consecuencia, el cambio a mejor debería empezar por establecer y exigir una buena formación para los que tienen ilusión por ser profesores.
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No se puede considerar la valía y el prestigio de un profesor solo porque basa sus méritos y su curricular en haber sido alumno de tal y tal maestro famoso, o de haber practicado algún tiempo en el Japón. Nadie duda que tal recorrido le haya podido traer progresos, pero su prestigio y capacidad real no puede apoyarse solo en esas razones.
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En cuanto al contenido y desarrollo de las clases y entrenamientos la realidad nos enseña que es necesario ir más allá del modelo tradicional, limitado a la repetición monótona de las técnicas del programa, porque a la larga aburre, desmotiva y hace perder la ilusión de muchos practicantes que esperaban algo más del arte de la armonía y de la paz.
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Los valores propios del Aikido, enriquecidos con las aportaciones de los conocimientos actuales de diferentes fuentes, pueden ser más atractivos y útiles a las personas del mundo actual, sobre todo a aquellas que buscan una vía fiable de desarrollo o realización personal.
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Los expertos de Aikido más conocidos de diferentes nacionalidades, se están dando cuenta que es preciso revisar el contenido de los entrenamientos, de los Stages y de los cursos formativos, en cuanto a la forma de enseñar y practicar el arte de Ueshiba para recuperar el valor real de esta disciplina…


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