David Buisán, del Karate al Wolf System, muchas horas de sudor y tatami…

Por Miguel Ángel Ibáñez Espinosa (obra pubicada)
Departamento Nacional de Nihon Tai Jitsu – RFEKDA
6º Dan Nihon Tai Jitsu / Nihon Jujutsu
6º Dan Aikijujutsu Kobukai
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Este año se cumple el vigésimo aniversario de Nihon Kobudo Aragón. En estos tiempos en que todo es tan rápido y fugaz, cumplir veinte años como club puede parecer poco para muchos, pero para algunos es toda una vida. Tras el colapso de la Escuela Kodenkan Budo, los miembros restantes iniciaron un pequeño periplo que los llevó a conocer otros ámbitos, y en ese momento se produjo la sinergia entre dos grupos marciales de Zaragoza. En el año 2006, ante la necesidad oficializar esa sinergia de practicantes tan diversos (Kenpo, Tai Jitsu, Aiki, Kobudo, defensa personal…) y para tener un marco común en el que poder organizar actividades nace nuestro club. En ese marco, uno de los motores fundamentales ha sido siempre el maestro David Buisán Llop.
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Cuando hablamos del Kenpo en Aragón hay una figura que es indispensable, estamos hablando del maestro Buisán, un pilar básico para el desarrollo de esta disciplina en Aragón. Alumno de maestros de artes marciales que son historia de las artes marciales en nuestro país, como Santiago Velilla o Raúl Gutiérrez, o en otros países, como es el caso de Jacques Levinet, si hay algo que debemos destacar de él es su labor poliédrica en todo lo que tiene que ver con las artes marciales… Desde muy joven comenzó a estudiar Karate con el maestro Santiago Velilla en el entonces joven Sankukai de Zaragoza, de su mano conoció el Aikido, el Tai Jitsu, el trabajo de energías y su aplicación para sanar o para dañar… cuando nadie en España había oído hablar de Kyusho. Su curiosidad le hizo ir más allá y conocer el Kenpo de la mano del maestro Raúl Gutiérrez y tras muchos años de trabajo con él, y sobre todo por el ámbito de su labor profesional, la seguridad privada, le llevan a desarrollar su propio sistema de defensa personal, el Wolf System (su segundo apellido, Llop, significa Lobo en aragonés).
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Después de esta corta presentación, y aprovechando que este año cumple treinta años de carrera marcial como profesor de Kenpo, nos disponemos a entrevistarle y preguntarle por toda una vida dedicada a las artes marciales.
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Maestro, en primer lugar agradecerle que con su apretada agenda nos dedique un tiempo para poder conocerle mejor, tanto a usted como a las disciplinas que práctica. En primer lugar, nos gustaría saber qué le llevo a acercarse a las artes marciales.
Pues inicialmente mi inquietud y mi forma de ser… yo era un niño peleón. Era un niño gordito y en aquellos tiempos lo del bullying no se llevaba por lo que acababa peleándome. Mi familia tenía un bar en el “gancho” y yo siempre me escapaba de allí a los billares cercanos. Por eso mi madre me llevo al médico y él le dijo que tenía que hacer Karate que eso me daría disciplina… Y dicho y hecho, me llevo al gimnasio Kachi en la calle de la Salina y después como mi primo entrenaba en el Sankukai de la calle Doctor Horno, pues acabe allí.
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En aquellos años tenemos claro que no había la variedad que tenemos hoy en día, con casi más artes marciales que practicantes… ¿Cómo era el Karate en aquellos años?
¡Muy duro! Un golpe, una vida y entrena como si fuera el último día de tu vida. Ese era el espíritu de entonces. Solo se oían los chasquidos de los kimonos y la respiración de la gente. Había una cuadrilla de cinturones marrones que te ponían tibio… Pero siempre decían: mira que le hacemos entrenar duro y siempre viene con una sonrisa al día siguiente.
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Sabemos que el maestro Santiago Velilla (padre) ha sido una influencia fundamental para usted. ¿Cómo ve sus enseñanzas con la retrospectiva de todos estos años en los que usted también ha ejercido como profesor?
Lo tengo siempre presente en mis enseñanzas y en mi día a día. Empecé a los 14 años con él. A los 16 ya dije en mi casa que quería ser profesor de Karate. He compartido con él más tiempo que con mi familia. Santiago estaba entregado en cuerpo, alma y espíritu a las artes marciales. Su vida era el tatami y se dedicaba al 100% a nosotros, el cinturón verde fue un antes y un después cuando nos abrió la clase de los sábados, de los cinturones negros… A las 6 de la mañana empezábamos con artes marciales internas (Chikung, Zazen…) y después pasábamos a hacer Karate, Aikido… Acabábamos a las 14h en la sauna con el Kimono como regalo final.
También entrenábamos en la naturaleza, el Parque Grande de Zaragoza era su dojo y nos llevaba habitualmente a entrenar allí, era todo muy físico.
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Tenemos entendido que con él además de Karate practicó muchas otras disciplinas, algo poco normal en esa época. ¿Qué recuerdos guarda de esa práctica?
Muy bonitos, mucho cariño y mucho respeto por Santiago… Esos recuerdos son algo imborrable hoy en día y marcan mi ADN como profesor. Nos endureció física y mentalmente a toda una generación.
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¿Qué le llevó a cambiar del Karate al Kenpo? No es muy habitual que, en esa época, en la que no era fácil llegar a 3º Dan de una disciplina alguien cambiase tan radicalmente.
Pues un poco mi inquietud, siempre he sido muy inquieto. Santiago dejaba la docencia y mi trabajo en seguridad privada me lleva a los juzgados de Zaragoza. Allí conozco a mi jefe de equipo, Ion Corcuera. Mi formación de doce años con Santiago era muy variada, tenía una buena base y estaba dando clases de Karate, Ion me animó a conocer a Raúl Gutiérrez, a quien conocía personalmente. Yo lo conocía por la revista El Budoka, concertamos una entrevista, de la que se cumplen 30 años. Me gustó su cercanía y comencé a entrenar con él, previamente lo hablé con mi maestro Santiago Velilla. Mi base de Karate me ayudó muchísimo en ese camino.
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¿Notó mucho cambio del Karate al Kenpo? ¿Del estilo “Velilla” al estilo “Gutiérrez”?
Só, en Karate como ya he dicho “un golpe una vida” pero el estado emocional influye mucho. Yo por mi trabajo y mi forma de ser he intentado trasladar esto al trabajo de calle. El Kenpo se define como un antiguo Karate chino, lo que cambia es que desde la base tú aprendes defensa personal. En Karate se tenía en aquella época un patrón concreto y el abanico del Kenpo es mucho más amplio.
En cuanto a los dos maestros, los dos son grandísimos artistas marciales. Con Santiago yo he vivido día a día y en cambio con Raúl mi trato ha sido de maestro-alumno en cursos, hemos convivido, pero no con la cercanía del día a día.
Hay algo que sí tenían los dos en común, la distancia que marcaban de profesor-alumno. Hoy en día entiendo el por qué, en la enseñanza tenemos también la cara oculta, como la luna. Tú das todo y en un momento eres el mejor para tu alumno, pero el alumno también se olvida fácilmente de eso cuando él tiene otro interés. Un profesor de artes marciales tiene que empatizar para sacar lo mejor de los alumnos, eso es una de las grandes diferencias con los maestros orientales.
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¿Cree que las artes marciales, no solo el Kenpo o el Karate, de esa época ha cambiado mucho con respecto a lo que vivimos hoy en día?
¡Muchísimo! En las clases hay artistas marciales y paseadores de kimono… Cada uno sabe con cuál se identifica. Y eso que yo me considero un poco hippy, antiguamente los kimonos eran para los que se los podían permitir, yo soy una persona al que le gusta entrenar cómodo y no encorsetado, pero eso no tiene nada que ver con el hecho de que al tatami vamos a entrenar, no a estar.
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Usted siempre ha sido un poco “picaflor”, le ha gustado conocer muchas disciplinas… ¿Cómo cree que le ha influenciado eso como artista marcial?
Vuelvo otra vez a la inquietud, vengo de un maestro multidisciplinar, luego conozco a Raúl que también es multidisciplinar. Yo creo que una persona tiene que tener muchos conocimientos de otras cosas, pero siempre sin perder su “madre”. En mi caso es el Karate y el Kenpo, todo lo demás son conocimientos a añadir a la base marcial. Yo he sido siempre un hombre de combate, Santiago me dijo en su día que de combate solo no se vive… hay que hacer Kata.
Frases como a mí no me gustan los katas porque no me gustan las posturitas, para mí no tienen sentido, el Kata es esencial. Aunque hay que tener en cuenta al profesor y su cabeza.
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Su última, hasta la fecha, incursión en otra disciplina es la realizada con el maestro Jacques Levinet, esta vez acercándose más a las líneas tácticas de las artes marciales. Siendo usted un profesional de la seguridad privada con una trayectoria tan amplia, ¿qué le llevó a esto?
Conozco en una Gala de la revista C. Negro en Vista Alegre, año 2003, al maestro Levinet. Varios maestros dan una ponencia de 10 minutos, y con eso me bastó para quedarme prendado y enamorado marcialmente de su forma de trabajar. La parte táctica siempre me ha gustado pero mi vista me impidió ser policía, mi trabajo en seguridad privada me ha obligado a formarme como tal. Uno de mis mejores recuerdos fue el curso de escolta que realicé con los escoltas de la Generalitat en 1991, siempre he unido a esa parte táctica a mi parte marcial.
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¿Como definiría al Maestro Levinet?
Además de ser un gran técnico e inquieto, es un trabajador incansable. Es muy limpio en el trabajo, pero sobre todo lo que me acerco a él fue su sencillez y su gran humanidad desde el primer día que nos conocimos. La sencillez y humildad son muchas veces las grandes ausentes de los maestros marciales, algo que no ocurre en su caso y que yo apreció en gran medida.
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Hemos dicho que usted tenía muchas facetas dentro de las artes marciales, practicante incansable, profesor, creador de su propio sistema Wolf System… ¿Qué le llevo a crear su propio sistema?
Al comenzar a dar clases de defensa personal, ves que muchos maestros han creado sus sistemas, y piensas cómo voy a hacer eso, yo no tengo su nivel. Pero en el 2002 me sale la oportunidad de dar clase a chicas que han sufrido violencia de género. El Juez Decano de Zaragoza nos cedió la sala de la Audiencia para esos cursos, esa situación tan delicada de las chicas me llevó a adaptar mis enseñanzas. Hubo dos situaciones en las que sus ex-parejas intentaron agredirlas y las chicas consiguieron repeler la agresión. Eso me llevó a profundizar en esos talleres de autoprotección y a perfilar mi sistema.
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Ya hace unas cuantas décadas de su creación, ¿cómo lo ve en retrospectiva?
Son técnicas muy sencillas y muy directas para todo el mundo. Es un sistema basado en la defensa no en el ataque, nosotros no somos agresivos si no proporcionales al ataque sufrido. Ahora mismo hay 14 profesores de Wolf System, y activos dando clase en Zaragoza hay cuatro.
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Siguiendo con otra de sus muchas facetas, ha sido durante toda su trayectoria un incansable organizador de eventos. Ha traído a su ciudad natal a leyendas de las artes marciales como Dominique Valera, Bill Wallace, Jeff Spekman, Thomas Mitose, Kuniyuki Kai, Jan Janssens, etc. así como una innumerable cantidad de maestros nacionales de todas las disciplinas como Pau-Ramon, Sergio Hernández, José Miranda, etc. ¿Qué le ha llevado a tener semejante currículum organizativo?
Antiguamente, cuando traían maestros japoneses yo no tenía dinero para poder asistir, una vez trajeron al maestro Ishimi a Zaragoza y los cinturones negros nos pagaron el curso. Eso ha hecho que intente traer a todos los maestros posibles a mi ciudad para poder disfrutarlos, aunque hoy en día la gente no valora estos esfuerzos. El trabajo de organizar esos cursos no está valorado, y no me refiero económicamente.
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Se que es difícil, pero, ¿Cuál le ha impresionado más?
Pues no ha sido ninguno de esos grandes maestros, me tengo que referir a dos compañeros de viaje, Cristina Álvarez y Miguel A. Ibáñez. El maestro José Guisado me impresionó mucho por su sencillez y limpieza técnica. De los maestros internacionales Jacques Levinet y Bill Wallace. Con todos ellos he compartido técnica como experiencias tanto dentro como fuera de tatami, calidad humana y calidad marcial.
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Siempre nos ha impresionado mucho su trabajo de la energía en la aplicación de las artes marciales, tanto para dañar como para sanar. ¿Cómo ve el trabajo que se hace hoy en día del Kyusho?
Muy comerciales.
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¿Cree que es necesario ese conocimiento de las energías en las artes marciales o está sobre-valorado?
Es muy necesario. Todos los maestros que se dedican a enseñar esa parte la tendrían que aprender y dominar. Yo tuve la suerte de empezar a los 16 años el trabajo energético con Santiago Velilla.
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Antes hemos hablado de cómo ve usted el cambio en las artes marciales de sus inicios y lo que tenemos hoy en día. ¿Cómo ve al practicante de hoy en día con respecto al de entonces?
Mucha menos entrega… Aunque hay de todo en la viña del Señor. Se habla demasiado en los tatamis y se suda poco (resopla…).
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¿Cree que cualquier tiempo pasado fue mejor o es que lo miramos con más romanticismo?
Lo miramos con más romanticismo.
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¿Qué proyectos de futuro tiene?
Paz mental.
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¿Algún deseo que quiera expresar a nuestros budoka?
Que hablen menos, entrenen más, pero sobre todo que sean buenas personas.
Tampoco estaría de más que de vez en cuando se pongan en la piel de sus profesores.
Además, me gustaría tener un pensamiento especial para mis padres y mi hermana, mi mujer, mis maestros, pero sobre todo a mis alumnos que me han hecho crecer como profesor… Sin todos ellos no hubiera sido posible este camino…


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