Por Miguel Ángel Ibáñez Espinosa (bibliografia)
Departamento Nacional de Nihon Tai Jitsu – RFEKDA
7º Dan Nihon Tai Jitsu
6º Dan Nihon Jujutsu
6º Dan Aikijujutsu Kobukai
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I. Introducción: El dilema del Judo en el Japón de posguerra
En septiembre de 1960, un clarividente artículo crítico publicado en el prestigioso diario japonés Yomiuri encendió las alarmas en el universo de las disciplinas de combate. Bajo la firma de Toru Aoe se denunciaba una crisis de identidad sin precedentes: el Judo del Kodokan estaba perdiendo su alma. Al abrazar la masificación internacional y las normativas occidentales exigidas para su inclusión en los Juegos Olímpicos, la disciplina se alejaba drásticamente de su rica herencia técnica y de su vector espiritual para transformarse en un mero deporte de competición regido por categorías de peso.
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Aoe advertía con amargura cómo el Kodokan, convertido en una influyente pero hermética corporación privada, monopolizaba la distribución de grados y cercenaba el vasto arsenal original derivado del Ju Jutsu tradicional. Se marginaba así la eficacia extrema del combate en el suelo (ne-waza), las luxaciones articulares y las estrangulaciones, reduciendo el arte a un juego de proyecciones, fuerza bruta y mercantilismo.
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Frente a este panorama de desnaturalización deportiva, la historia marcial del siglo veinte revela un entramado de instituciones y maestros que se resistieron a la extinción del verdadero Budo. En ese escenario de posguerra, la transición del Jujutsu clásico hacia la modernidad encuentra sus dos pilares fundamentales en la herencia de la mítica corporación Dai Nippon Butokukai y posteriormente la obra IMAF JAPAN, desde donde la obra de Shizuya Sato, cuyo método –el Nihon Ju Jutsu– se erigiría en pieza clave para entender la evolución y expansión del Nihon Ju Jutsu.
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II. La encrucijada histórica: De la Dai Nippon Butokukai al vacío de 1946
Para comprender el origen de la fractura técnica que denunciaba el artículo del Yomiuri en 1960, es imprescindible volver la mirada hacia la institución que reguló y salvó de la desaparición a las escuelas tradicionales (Ryu) durante la modernización de la Era Meiji: la Dai Nippon Butokukai, fundada en Kioto en 1895. Concebida con el objetivo de despertar el espíritu del Bushido y unificar los estándares de enseñanza de las artes clásicas, la Butokukai erigió el legendario Butokuden y articuló el prestigioso centro de formación Budo Senmon Gakko (popularmente conocido como BUSEN).
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Durante décadas, la Butokukai ejerció como el organismo regulador definitivo. Bajo sus comités técnicos, figuras de la talla de Jigoro Kano trabajaron activamente en la sistematización de los Katas oficiales (como el Nage no Kata, Katame no Kata, Kime no Kata y Ju no Kata), utilizando la plataforma para expandir su método a nivel escolar, militar y policial, inicialmente denominado Jujutsu-Kano antes de asentarse universalmente como Judo.
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La influencia de la Butokukai era tan vasta que, en los albores del Judo europeo, las escuelas de Francia e Inglaterra preferían sus reglamentos –fuertemente vinculados a los valores policiales y de etiqueta marcial– antes que los del propio Kodokan. Maestros formados en su seno, como Haku Michigami o Mikonosuke Kawaishi, exportaron este enfoque metodológico a Occidente.
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Sin embargo, el periodo comprendido entre 1920 y 1945 tiñó a la organización de un marcado carácter militarista, supeditando el Ju Jutsu a fines prácticos de combate cuerpo a cuerpo para el Ejército Imperial. Tras la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el Cuartel General de las Fuerzas Aliadas (GHQ) aplicó una severa política de desmilitarización. Considerada como un engranaje del aparato estatal belicista, la Dai Nippon Butokukai fue proscrita y disuelta definitivamente el 31 de octubre de 1946, purgando a más de 1.300 de sus miembros de los cargos públicos y prohibiendo taxativamente la práctica de las artes marciales en centros oficiales.
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Este vacío institucional forzó un cisma. Cuando las prohibiciones comenzaron a levantarse a principios de los años cincuenta, el Judo resurgió con asombrosa rapidez gracias a la gestión de Risei Kano al frente de la Federación Internacional de Judo. No obstante, este nuevo renacimiento sacrificó la preservación tradicional que antaño realizaba la Kobudo Kenkyukai. El Judo se volcó casi exclusivamente hacia su vertiente deportiva competitiva. Para los antiguos maestros de Ju Jutsu, despojados de su institución matriz y en peligro de morir de hambre, la única salida funcional fue refugiarse en los departamentos de instrucción policial, adaptando sus conocimientos para codificar el Taiho-Jutsu (técnicas de arresto). El Ju Jutsu clásico quedó así relegado a un segundo plano, eclipsado por el empuje de los deportes modernos de combate.
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III. Shizuya Sato y la fundación de la Kokusai Budoin (IMAF)
Es precisamente en este contexto de censura aliada y desmoronamiento tradicional donde surge la figura del maestro Shizuya Sato (1929-2011). Nacido en Tokio, Sato se inició tempranamente en el Kendo y el Judo bajo la estricta tutela de su padre, un ingeniero de la Armada y profesor de Judo de la Policía Metropolitana de Tokio, estrechamente vinculado a la leyenda Kyuzo Mifune. Al fallecer su progenitor en 1945, un Sato de apenas dieciséis años fue adoptado espiritualmente por tres de las más grandes luminarias del Kodokan pre-guerra: el propio Kyuzo Mifune, Hidekazu Nagaoka y Kazuo Ito, quienes junto a Sumiyoshi Kotani moldearon su porvenir técnico y humano.
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Graduado en Empresariales por la Universidad Meiji Gakuin en 1949, Sato fue reclutado de inmediato por la Sección Internacional del Kodokan debido a su fluido dominio del idioma inglés. Su misión histórica comenzó allí: instruir a los cientos de soldados americanos de las tropas de ocupación y, fundamentalmente, actuar como traductor y asistente técnico de los grandes maestros de la época en el programa de entrenamiento del Comando Aéreo Estratégico (SAC) de los Estados Unidos. Sobre el tatami, Sato tradujo y asistió a gigantes como Kenji Tomiki (Aikido), Hironori Otsuka (Karate Wado Ryu) y su propio mentor, Sumiyoshi Kotani. Esta posición única le permitió tejer lazos de profunda amistad con pioneros occidentales clave como Donn F. Draeger, Walter Todd o Mel Bruno, minimizando las fricciones culturales de la posguerra.
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Conscientes de que el Judo deportivo del Kodokan avanzaba inexorablemente hacia la pérdida de sus raíces defensivas, un grupo selecto de maestros proscritos de la antigua Butokukai se reunió en noviembre de 1951. Su objetivo era organizar la primera gran demostración pública de artes marciales autorizada tras la guerra, la cual se materializó en el Parque Hibiya. Este impulso cristalizó en enero de 1952 con la fundación de la Kokusai Budoin – International Martial Arts Federation (IMAF JAPAN).
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Sato, a pesar de su juventud, fue invitado como miembro cofundador del departamento de Judo junto a sus maestros Mifune e Ito. IMAF no era una federación común; gozaba del máximo estatus y legitimidad tradicional gracias a su primer director, el Príncipe Tsunenori Kaya (tío del Emperador Hirohito), a quien sucedería posteriormente el Príncipe Higashikuni. La junta directiva de la federación reunía a los más excelsos Meijin (Grandes Maestros) de la era, hombres que ostentaban el 10.º Dan en sus respectivas disciplinas, tales como Hakudo Nakayama (Kendo), Gogen Yamaguchi y el citado Hironori Otsuka (Karate) o Kisshomaru Ueshiba (Aikido). En el seno de esta imponente institución, Shizuya Sato consagró su existencia a la sistematización y enseñanza de un método propio concebido para salvaguardar la herencia combativa censurada por el olimpismo: el Nihon Ju Jutsu.
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IV. El método del Nihon Ju Jutsu: Filosofía y estructura técnica
Como bien apunta la bibliografía histórica, el Nihon Ju Jutsu defendido por Shizuya Sato no debe confundirse con un estilo antiguo de Koryu aislado, sino que representa un esfuerzo consciente y estructurado por mantener la integridad combativa de la lucha tradicional japonesa dentro de un marco educativo y aplicable a la época moderna. El propio término Nihon (“auténticamente japonés”) fue acuñado dentro del departamento especializado de IMAF para diferenciar este compendio técnico defensivo de las corrientes puramente gimnásticas o competitivas.
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El método Sato se nutrió de cuatro vertientes técnicas claramente identificables en su trayectoria:
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• El Judo pre-guerra de los 10.º Danes: Rescatando el control total, las luxaciones y el combate de suelo (ne-waza) de la línea de Mifune y Kazuo Ito, libre de las restricciones reglamentarias de las categorías de peso olímpicas.
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• El Taiho-Jutsu y la experiencia en el SAC: Técnicas de arresto y control policial desarrolladas durante sus años como instructor de las fuerzas de seguridad y los cuerpos de élite militares norteamericanos.
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• Las aportaciones de Atemi-Waza de Hironori Otsuka: La incorporación de golpes directos a puntos vitales extraídos del Karate Wado Ryu, disciplina que a su vez se había desarrollado dentro del área de influencia de la antigua Butokukai.
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• El Goshin Jitsu: tanto del propio Kazuo Ito como de lo aprendido con Kenji Tomiki, quien aunaba en su figura el Judo de Jigoro Kano y el Aikjujutsu de Ueshiba, al haber sido alumno directo de ambos.
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El célebre hoplólogo Donn F. Draeger legitimó con sus escritos el valor de este sistema, afirmando que el trabajo de maestros como Kazuo Ito y Shizuya Sato funcionaba como un puente directo hacia la era clásica de la “suavidad” (ju), preservando las contratácticas marciales frente a la marea del atletismo competitivo. El propio Sato desglosaría la riqueza de su sistema en manuales técnicos de uso interno en Tokio, artículos esenciales como The Essence of Nihon Jujutsu (1994) y una célebre trilogía de vídeos didácticos que fijaron para siempre los estándares de la escuela.
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V. Influencias del Nihon Ju Jutsu en el Nihon Tai Jitsu: El nexo franco-japonés
La conexión histórica y técnica entre el Nihon Ju Jutsu de Shizuya Sato y el desarrollo del Tai Jitsu europeo (que posteriormente devendría en el actual Nihon Tai Jitsu) se fraguó de manera intensa durante la década de los años ochenta. Este trasvase de conocimientos fue propiciado por la profunda relación marcial existente entre el maestro francés Roland Hernaez y la leyenda Minoru Mochizuki. Mochizuki, una figura de respeto universal que ostentaba la dirección del departamento de Nihon Ju Jutsu dentro de IMAF, abrió de par en par las puertas de la organización japonesa al Tai Jitsu de Hernaez.
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En el año 1985, Hernaez organizó un viaje de estudios técnico a Japón en el que participó una delegación selecta. Aquella expedición histórica tuvo paradas obligatorias para entrenar directamente en el Dojo Yoseikan de Mochizuki en Shizuoka, así como en los dojos de Kai Kuniyuki y del propio Shizuya Sato en Tokio, eventos ampliamente documentados por las revistas especializadas de la época como El Budoka.
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A raíz de este estrecho vínculo, Minoru Mochizuki nombró oficialmente a Roland Hernaez como el director y representante de la división de Tai Jitsu para Europa, ratificando e integrando formalmente el Tai Jitsu europeo como una parte propia de su línea de enseñanza. Bajo este amparo institucional, todos los grados de cinturón negro emitidos por la escuela de Hernaez pasaron a ser homologados internacionalmente por IMAF. Los diplomas oficiales de la época portaban un triple aval de indiscutible prestigio tradicional: venían rubricados de puño y letra por el Príncipe Higashikuni, por el maestro Shizuya Sato en su calidad de Director Jefe de la federación, y por el propio maestro Mochizuki.
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La influencia técnica del Nihon Ju Jutsu de Sato se inoculó directamente en el corazón metodológico del Nihon Tai Jitsu. El énfasis en las luxaciones de muñeca, codo y hombro, las transiciones fluidas hacia los derribos tras encadenar golpes de atemi, y los controles en el suelo orientados estrictamente a la defensa personal real son el reflejo directo de las sesiones de trabajo conjunto entre Sato y Hernaez. La muestra más palmaria de esta simbiosis quedó plasmada en la obra cumbre de Hernaez publicada en 1991: Ju jitsu, la force millénaire: Du ju-jitsu traditionnel au nihon tai jitsu moderne, en cuyas páginas ilustradas se exhiben secuencias fotográficas de ambos maestros demostrando la aplicación conjunta de las técnicas defensivas y la influencia de sus Katas en el Nihon Tai Jitsu.
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Durante aquellos años dorados, los cursos internacionales de IMAF se sucedieron con asiduidad en suelo europeo, especialmente en las célebres instalaciones de Le Temple-sur-Lot en Francia y en Bélgica. España no quedó ajena a esta corriente de intercambio. Los días 21 y 22 de octubre de 1989, el maestro Shizuya Sato impartió un histórico seminario técnico en la ciudad de Barcelona, coordinado por figuras locales de relieve marcial. Durante aquel encuentro, se iniciaron las conversaciones formales para constituir una delegación oficial de IMAF en el Estado Español, seleccionando a Pere Calpe como delegado principal junto a un equipo colaborador compuesto por Agustín Mulero, Jordi de Alfonso y Pau-Ramon Planellas. Aunque avatares políticos e institucionales posteriores –como el cisma judicial de 1987 en Yokohama entre las sedes de Japón y la rama europea autónoma– distanciaron las organizaciones, la huella técnica y los lazos históricos quedaron grabados de forma indeleble en el árbol genealógico del Nihon Tai Jitsu.
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VI. Conclusión: El Budoka y la transmisión de la Vía
Como bellamente sentenció el maestro Minoru Mochizuki:
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El verdadero practicante de las artes marciales, el Budoka, no es aquel que se contenta con dominar una técnica, sino aquel que enseña lo que ha aprendido. Aquel que no quiere enseñar no es un budoka: toma la técnica, pero no sigue la Vía.
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Shizuya Sato encarnó con absoluta fidelidad este precepto modélico del Budo. Ante la deriva competitiva y la pérdida de identidad que los críticos ya denunciaban con precisión matemática en 1960, su labor no fue la del ermitaño que esconde el secreto, sino la del maestro generoso que codificó, tradujo y tendió puentes internacionales para asegurar que la eficacia y los valores del Jiu-Jitsu clásico sobrevivieran en el tiempo.
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Para cualquier budoka, adentrarse en las raíces del Nihon Ju Jutsu no es un mero ejercicio de erudición histórica; es un deber de gratitud técnica indispensable para comprender la razón de ser de sus propios movimientos, desplazamientos y proyecciones. Toda esta apasionante epopeya de supervivencia marcial, los perfiles detallados de sus protagonistas, los entresijos de las grandes federaciones de posguerra y el análisis técnico riguroso de las palancas y principios compartidos se encuentran minuciosamente desglosados en la obra definitiva que todo amante del Budo tradicional debe poseer: El Nihon Ju Jutsu de Shizuya Sato, un libro riguroso, profusamente documentado y esencial para rescatar la memoria histórica y la efectividad combativa de nuestro arte. Comprende el pasado para perfeccionar tu práctica en el tatami.
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