Entrevista a Iván Raj. Nacido para luchar, educado para superarse

Por J. Sala
Redacción de EL BUDOKA 2.0
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Hablar de Iván Raj (@ivanraj) es hablar de una nueva generación de artistas marciales que ha sabido convertir el talento en excelencia a base de trabajo, disciplina y una inquebrantable voluntad de superación. Hijo de Pablo Raj, sobradamente conocido por nuestros lectores, Iván ha forjado una trayectoria propia que va mucho más allá de un apellido ilustre.
Dotado de unas condiciones físicas excepcionales, una formación técnica cuidadosamente construida desde la infancia y una madurez poco común para su edad, ha conseguido destacar al más alto nivel en disciplinas como el Judo, el Brazilian Jiu-Jitsu, el Grappling o el Combat Jiu-Jitsu, acumulando títulos nacionales, europeos y mundiales.
Pero, por encima de las medallas, destaca su mentalidad: la de un deportista que entiende que el verdadero éxito reside en no dejar nunca de aprender.
Conversamos con él para conocer el camino que lo ha llevado a convertirse en uno de los referentes más prometedores de las artes marciales actuales.
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Buenos días Iván, gracias por tu tiempo y por tu amabilidad respondiendo a nuestras preguntas.
Comenzaste a entrenar con solo cinco años y tu único maestro ha sido tu padre. ¿Cómo ha influido esa relación en tu manera de entender las artes marciales y qué valores te ha transmitido que todavía aplicas en el tatami?
Desde pequeño he tenido la suerte de crecer rodeado de las artes marciales gracias a mi padre y es el que hasta día de hoy me sigue acompañando y apoyando en el camino, así que para mí nunca han sido solo un deporte. Él me ha enseñado los valores que aplico en mi día a día, tanto dentro como fuera del tatami: el respeto, la humildad, la disciplina y la capacidad de seguir adelante cuando las cosas no salen como esperas. Creo que esos valores son los que realmente marcan la diferencia a largo plazo.
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Iván Raj

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Has competido con éxito en Judo, Brazilian Jiu-Jitsu, Grappling y Combat Jiu-Jitsu. ¿Qué te aporta cada disciplina y cuál consideras que ha sido la más importante en tu evolución como luchador?
Todas las disciplinas me han aportado muchísimo. Comparten prácticamente los mismos valores: respeto, disciplina, desarrollo mental y una gran exigencia física. Sin embargo, si tuviera que destacar dos, diría que el Combat Jiu-Jitsu porque es con lo que empecé todo y el Judo por la cantidad de horas y la exigencia al más alto nivel me ha ayudado a tener un gran nivel de lucha, que después he podido trasladar al resto de disciplinas. Gracias a esa base me ha resultado más fácil adaptarme al Grappling, al Brazilian Jiu-Jitsu, las MMA y seguir evolucionando.
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Con apenas 17 años decidiste marcharte a vivir, solo, a Madrid, para entrenar con la élite del Judo español. ¿Qué fue lo más difícil de aquella decisión y qué aprendiste de esa etapa, tanto deportiva como personalmente?
Lo más difícil fue dejar atrás a mi familia, amigos, pareja y mi zona de confort con solo 17 años. Pasé de tenerlo todo cerca a tener que aprender a valerme por mí mismo. Deportivamente fue una experiencia increíble porque pude entrenar con algunos de los mejores judokas del país y del mundo, pero sobre todo crecí como persona, a los 18 años ya me mantenía completamente solo. Aprendí a ser independiente, a organizarme y a entender que, si realmente quieres llegar lejos, a veces tienes que tomar decisiones incómodas.
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Has competido en países como Portugal, Chipre, Georgia, Irlanda o Andorra. ¿Hay alguna competición o algún combate que recuerdes como un punto de inflexión en tu carrera? ¿Por qué?
Más que un combate concreto, creo que cada competición internacional ha supuesto un punto de inflexión. Competir fuera de casa te obliga a salir de tu zona de confort, a enfrentarte a estilos diferentes y a rivales con otra forma de entender el combate. Cada viaje me ha hecho volver siendo un mejor atleta y con una mentalidad más abierta.
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Siempre que viajas para competir intentas entrenar también en otros gimnasios. ¿Qué has descubierto en esos viajes que no habrías aprendido entrenando únicamente en tu club habitual?
Cada gimnasio tiene una manera diferente de entrenar, de enseñar y de entender el combate. Eso te permite descubrir detalles técnicos, métodos de preparación y formas de pensar que quizá nunca habría visto entrenando siempre en el mismo sitio. Creo que viajar y entrenar con gente diferente es una de las mejores formas de seguir evolucionando.
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Además de competir, has viajado a lugares como Los Ángeles, Japón y Tailandia para seguir formándote. ¿Qué maestro, gimnasio o experiencia te ha marcado más y qué incorporaste a tu forma de entrenar?
Cada viaje me ha aportado algo distinto. Japón me impresionó por el nivel técnico, la disciplina, el respeto con el que viven el Judo. En Estados Unidos descubrí otra forma de entrenar Jiu-jitsu, enfocado al alto rendimiento, y en Tailandia entrené Muay Thai, donde pude conocer otra cultura deportiva completamente diferente. Más que copiar técnicas y combinaciones concretas, intento quedarme con pequeños detalles técnicos, con la mentalidad y la forma de trabajar de cada sitio para incorporarlas a mi día a día.
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Tu palmarés incluye títulos nacionales, europeos y mundiales. Sin embargo, ¿Ha habido alguna derrota que te ha enseñado especialmente? ¿Qué cambió en tu preparación después de ella?
No hay una derrota concreta que me haya marcado por encima de las demás. Siempre intento analizar cada una de ellas para entender qué hice mal y corregirlo. Para mí es fundamental volver a ver los combates, analizarlos en frío y convertir cada error en una oportunidad para mejorar.
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En una época en la que muchos jóvenes buscan resultados rápidos, tú llevas prácticamente toda la vida entrenando. ¿Qué importancia tienen la constancia y la disciplina para alcanzar el máximo nivel?
Para mí son el pilar del éxito. Lo importante no es avanzar rápido, sino no dejar de avanzar. Claro que hay momentos de dudas o de frustración, y yo también los tengo, pero sé que el progreso llega con el tiempo. Esto es una carrera de fondo, no un esprint. Todavía me quedan muchos años de entrenamiento, aprendizaje y margen de mejora, y eso es precisamente lo que más me motiva.
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Si tuvieras que dar tres consejos a un niño o una niña que empieza hoy en las artes marciales y sueña con llegar donde tú has llegado, ¿cuáles serían?
El primero sería que disfrute del camino, porque si solo piensas en ganar acabarás perdiendo la ilusión y se frustrarán. El segundo, que escuche siempre a sus entrenadores y tenga paciencia, porque las mejoras importantes llevan tiempo. Y el tercero, que nunca deje que una derrota o un mal entrenamiento le haga pensar que no vale para esto. Estos son algunos de los consejos que les doy a mis alumnos y siempre les recuerdo.
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Después de todo lo conseguido, ¿qué objetivos te motivan ahora? ¿Qué retos deportivos y personales te gustaría alcanzar en los próximos años y cómo te gustaría que se recordara tu trayectoria?
Todavía tengo muchos objetivos por delante. Quiero seguir compitiendo al máximo nivel, continuar aprendiendo y demostrar que aún puedo conseguir cosas importantes. A nivel personal también quiero seguir creciendo como entrenador y ayudar a otras personas a mejorar a través de las artes marciales. Me gustaría que, cuando alguien piense en mi trayectoria, recuerde a una persona que nunca dejó de trabajar, independientemente de los resultados.
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Al igual que tu padre, bien conocido por nuestros lectores, posees unas cualidades físicas excepcionales que, sin duda, representan una ventaja competitiva. Sin embargo, el talento por sí solo nunca es suficiente: detrás de cada éxito hay miles de horas de entrenamiento, una sólida base técnica y una búsqueda constante de la eficacia. ¿Cómo has logrado encontrar ese equilibrio entre tus condiciones naturales y el trabajo diario para alcanzar el nivel que tienes hoy?
Como bien dices, las condiciones físicas ayudan, pero por sí solas no te llevan a ningún sitio. Mi preparación física ha estado guiada principalmente por mi padre, que ha sido quien me ha entrenado durante todos estos años. A partir de esa base, también aplico mis propios conocimientos sobre entrenamiento y preparación física para adaptar y complementar el trabajo según mis necesidades. Esto combinado con la constancia y las ganas de mejorar cada día marcan la diferencia. No hay ningún secreto: dedicarle tiempo, tener paciencia y confiar en el proceso. Los resultados no llegan de un día para otro, pero si haces las cosas bien durante muchos años, acaban llegando.
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Además de tu trayectoria deportiva, también has conseguido una notable presencia en las redes sociales, donde compartes entrenamientos, competiciones y parte de tu día a día. ¿Cómo gestionas esa faceta como creador de contenido y consigues compaginarla con las exigencias de entrenar y competir al máximo nivel?
Intento verlo como una parte más de mi trabajo. Mi prioridad siempre será entrenar y competir, pero también disfruto compartiendo mi experiencia porque creo que puedo aportar valor y motivar a otras personas. Organizar bien el tiempo es fundamental. Hay días en los que cuesta llegar a todo, pero intento ser constante tanto dentro como fuera del tatami. Además, las redes sociales me permiten acercar las artes marciales a mucha gente y mostrar el esfuerzo que realmente hay detrás de cada competición…


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