Texto elaborado por Luis Nogueira Serrano
Presidente European Bugei Society
Fûryûkan Bugei Dôjô
www.bugei.eu
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Texto revisado por la Morishige Ryû Hôjutsu Denshôkai
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De entre las dieciocho disciplinas del bugei juhappan, una de las que resulta más ajenas y desconocida al ecosistema marcial es el hôjutsu, el arte tradicional japonés de las armas de fuego. Pareciera que, mientras la esgrima o la arquería han trascendido como símbolos de la tradición samurai, el uso de las armas de fuego hubiera sido una relación puntual o una mácula en el historial romantizado del caballero japonés. Nada más lejos de la realidad, nos encontramos ante una reliquia más del acervo cultural y marcial de Japón. En esta ocasión vamos a presentar, de forma inédita en lengua castellana, una presentación de esta disciplina y muy en particular del estilo Morishige Ryû.
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A pesar de lo que popularmente se cree, las primeros vestigios de armas de fuego en Japón se datan a finales del siglo XIII. Éstas se encontraron entre los restos de la primera expedición de Kublai Khan. No es extraño que así ocurriera dado que la pólvora fue descubierta en China unos siglos antes y la artillería fuera desarrollada en Asia continental. Estos primeras modelos eran arcaicos cañones, conocidos como teppô (lit. cañón de hierro), que carecían de miras o disparadores.
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No obstante, no es hasta que los portugueses introdujeron en 1543 los arcabuces en Japón que la tecnología da un vuelco dando inicio a una época de florecimiento de las armas de fuego. Se atribuye a António Mota y Francisco Zaimoto, dos exploradores portugueses que viajaban en un junco chino y que tuvieron que fondear de emergencia en las inmediaciones de la isla de Tanega (tanaegashima) por causa de una tormenta. El daimyô de la isla, Tanegashima Tokitaka, adquirió dos mosquetes y encargó su reproducción a un katanakaji (lit. forjador de espada), de nombre Yaita Kinbee Kiyosoda. El artesano no tuvo dificultades en replicar el mecanismo de disparo, salvo el roscado del cañón para la unión del perno bisen (lit. tornillo de cola). La visita de un artesano portugués un año más tarde permitió el conocimiento tecnológico para poder producir de forma artesanal estas armas.
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En 1549, Oda Nobunaga ordenó fabricar 500 de estas armas para sus ejércitos, y aunque esta tecnología incipiente todavía arrojaba desventajas con respecto a la tradicional arquería, también ofrecía algunas ventajas, especialmente en lo que se refiere a la penetración de la armadura. No obstante, los primeros esfuerzos se basaron en mejorar su precisión así como la cadencia de disparo. Para esto último, desarrollaron tácticas de disparo escalonado para que el flujo de proyectiles fuera continuo, el desarrollo del hayagô, tubos de bambú empleados para carga rápida que contenían la carga de pólvora, el calepino o estopa y el proyectil. También dedicaron esfuerzos en desarrollar cajas protectoras que permitieran la ignición incluso con precipitación, otro de los retos que enfrentaban estas armas. También se incrementaron calibres y munición para aumentar la letalidad.
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El empleo de estas armas creció como la espuma y pronto se convirtieron en armas decisivas durante el periodo Sengoku jidai (s. XVI), siendo ejemplo de esto la victoria del clan Amago de Izumo sobre el clan Kikkawa en 1563, el incremento de unidades de arcabuceros frente a los lanceros en los ejércitos de Takeda Shingen en 1567, el uso sistemático que las fuerzas de Oda Nobunaga emplearon en las batallas de Anegawa en 1570 o en Nagashino en 1575, en la batalla de Numajiri en 1584 por Satake Yoshishige contra el clan Hojo, o Data Masamune que tenía un 70% de soldados armados con armas de fuego. Incluso el empleo de esta arma y técnicas fue decisiva en la toma de Seúl en 1592 cuando Toyotomi Hideyoshi decidió invadir la península de Corea.
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Morishige Ryû Hôjutsu Denshôkai
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El periodo Edo trajo una paz relativa en el que los conflictos de gran escala se redujeron y a pesar de que el auge de estas armas y sus tácticas se mantuvieron presentes, fueron dejando paso al empleo de armas civiles más acordes a los hábitos cotidianos de la clase guerrera, como el uso simbólico del daishô katana. No obstante, en este periodo se conocen al menos a 200 armeros distribuidos por todo el territorio nipón.
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Esta variedad de orígenes y técnicas permitió ofrecer un número significativo de variantes. El modelo estándar de hinawayu (lit. arma de mecha; una forma más correcta de llamar a este tipo de armas) tenía una longitud total de cuatro pies y tres pulgadas con una carga de entre 2 y 2,5 momme. Además de esto destacan el tanzutsu (lit. arma corta; pistolas), bajôzutsu (lit. arma de caballería; carabina), hazamazutsu (lit. arma de aspillera; mayores de 5 pies para disparar a través de los huecos de los muros), así como calibres superiores como el gomomme bajôzutsu (lit. arma de caballería de 5 momme; con un calibre de 0.60), el samuraizutsu o jûmomme tsutsu (lit. arma de samurai o 10 momme; con un calibre de 0.70), o las consideradas pesadas ôzutsu, a partir de 20 momme, sanjûmomme tsutsu o gojûmomme tsutsu con calibres respectivos de 1.1 y 3.5, encuadrándose estas últimas en armas de artillería contra navíos o edificaciones. Además, la procedencia ofrecía una miríada de variedades singulares y diferenciables, desde las Satsuma Tsutsu a los Yonezawa Teppô entre muchas otras.
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Si analizamos las partes del hinawajû tipo tenemos en la parte del jûshin (lit. cuerpo del cañón), el propio cañón tsutsu con su alza motomeate o maemeate y su mira sakimeate en el entorno de la boca de fuego suguchi que normalmente tiene un acampanado decorativo kôji o koori, inserto el conjunto en el guardamanos o montura dai, cerrada mediante una abrazadera dôgane.
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Por su parte el mecanismo karakuri está compuesto por el disparador hikigane y guardamonte yôjingane, el muelle hajikigane y el martillo hibasami, que fija y descarga la mecha hinawa sobre la pletina hizara, que tiene una cubierta hibuta y una pletina de protección amaooi. El mecanismo interno se encuentra protegido por una pletina llamada jiita cerrada mediante remaches byô. Otros elementos son el protector de culata daikabu, la baqueta karuka o diferentes agujeros transversales, siendo el más reseñable el del paso de mecha llamada hinawa tôshi ana.
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Pero no solo se requiere el arma, sino que debemos incluir otros elementos como la propia mecha hinawa, los ya citados hayagô ubicados dentro de una caja de munición dôran que se lleva atada a la cintura y el frasco de pólvora de cebado kôyaku ire. Además del propio atuendo tradicional.
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De igual manera que se datan centenares de armeros, las escuelas koryû de estas técnicas proliferaron. Queremos detenernos en una de las más importantes y que a día de hoy mantiene un conocimiento ingente sobre la disciplina y ostenta una gran herencia militar de tiempos medievales. Se trata de Morishige Ryû.
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Remontándonos a su fundador Morishige Yukie Subeyoshi que nació en Suo (actualmente Kudamatsu), prefectura de Yamaguchi en 1759. Originalmente estudió Mishima Ryû Shusenpô y Tenzan Ryû Hôjutsu. A la edad de 18 años emprende un viaje de estudio por Japón para estudiar kajutsu y hôjutsu, estudiando Asaka Ryû, Nakajima Ryû, Engoku Ryû y Kinden Ryû entre otras. También se especializó en el estudio de Hashizume Kaishinsai Ryû Gobu Denpô, así como en las tradiciones militares de Koshu y Echigô. Escribió un total de 28 volúmenes sobre tácticas militares y varios sobre artillería. En 1799, cuando el señor de Yonezawa era Uesugi Yôzan, realizó un exitoso ejercicio de entrenamiento con armas de fuego en dicho dominio. Tras transmitir su legado a Subemitsu, la segunda generación del linaje, la tradición pasó a denominarse Morishige Ryû en honor y prestigio de su fundador.
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Aunque el hôjutsu prácticamente desapareció tras la restauración Meiji, el maestro Anzai Minoru descubrió en 1931 un documento antiguo de artillería de Morishige Ryû. Esto le llevó a encontrar, estudiar e interpretar los más de 45 volúmenes en esta temática, reviviendo la tradición en tiempos modernos y siendo considerado al propio Anzai como manteniendo vivo el legado y siendo reconocido por el título de Morishige Ryû densho kaiki (lit. fundador de la tradición de Morishige Ryû), título refrendado por los descendientes del fundador original.
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El maestro Nagai Masayuki (originalmente Nagai Masao), fue el único reconocido como menkyô kaiden (transmisión completa) por Anzai Minoru, y actualmente continúa transmitiendo la forma correcta del estilo en la ciudad de Asahi en la prefectura de Yamagata, asistido por el maestro Hanayama Mamoru, bajo la institución Morishige Ryû Hôjutsu Denshôkai.
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Morishige Ryû categoriza 29 formas en su primer documento denominado Morishige Ryû hôjutsu hoozuke Shuhô keikonomaki, sin embargo el fundamento se encuentra en el primer apartado conocido como Shôjû Shuhô Yôketsu, compuesto por el Nanatsu no Kihon shisei, en donde se detallan las 7 posturas básicas:
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1. Ihanashi no Koto
2. Hizadai no Koto
3. Chūhanashi no Koto
4. Tachihanashi no Koto
5. Gyakuhizahanashi no Koto
6. Moroorihanashi no Koto
7. Koshihanashi no Koto
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Tras el estudio de posiciones básicas, el siguiente bloque contempla Jûmomme tamajû shuhô donde se estudian 4 formas (incluyendo formas diferentes a los 10 momme), en Sanjûme tamajû shuhô se estudian 6 formas (incluyendo formas diferentes a los 30 momme), Shôjû shûgyô dan’uchi shuhô otras 5 formas y en Senjô jûchin yôketsu 6 formas más. Además se describen algunas formaciones militares clásicas para completar el documento.
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El aprendizaje de esta disciplina tiene un apartado importante en entender la kata, atendiendo a los métodos de desplazamiento, las posturas y las maniobras. Todo debe realizarse con precisión y plena atención. Además de esto, las prácticas de disparo son esenciales para comprender el correcto funcionamiento del arma, lo que implica una formación específica en el manejo de armas de fuego y seguridad.
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Resaltamos, tras todo lo indicado, que la única organización competente en la verdadera transmisión de Morishige Ryû es la Morishige Ryû Hôjutsu Denshôkai…