Allá por los años 60 y hasta inicio de los 80 (SXX) las competiciones de estilos marciales de golpeo se hacían al punto y sin contacto. Por una serie de problemas técnico/políticos, competidores de no-contacto empezaron a usar protectores y a contactar, y occidente vio la aparición del Full-Contact. Poco tiempo después “aparecíó” el Muay-Thai y fruto de su influencia apareció una modalidad, el Kickboxing, que de alguna manera ocupó el lugar del Full-Contact. Para cuando se creía que eso era lo que había y que eso era lobuenolomejor y lo más mortífero y lo más invencible (y lo real), apareció el UFC y los Gracie… El caso es que a raíz de eso, de las competiciones “marciales” con continuidad y contacto, el mundo pareció llenarse de que el dar y recibir golpes formaba parte ineludible de cualquier estilo que haga golpeo. Que vamos, que si no te pegas/golpeas en la práctica, que eso no sirve de nada. Lo cual puede parecer muy lógico… o no. Porque, si practica para “defensa personal”, para el conflicto físico que puede surgirle en un momento de su vida diaria…
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Por Girona-Miguel
Instructor Jefe en Kung-Fu Sant Andreu
Reportaje gráfico: A. Boada
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Fue a raíz de las competiciones con contacto que se empezó a hacer hincapié en lo de “artes marciales tradicionales”. Y eso epíteto adjudicado a estilos que no hacían competición o que si la hacían era al punto y sin contacto, controlando el golpe. Y en muchas ocasiones, lo de “tradicional” con un cierto tono entre despectivo y sobradote.
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Y sin embargo, esa era (y es) la palabra clave. Tradicional. Artes Marciales Tradicionales. Es decir… Antiguas. Creadas y desarrolladas cuando la palabra “deporte” ni existía… ni se le esperaba. Estilos o métodos o sistemas que enseñaban técnicas de lucha… de supervivencia. Y supervivencia implica que el enfoque de una habilidad marcial tiene más que ver con la lucha entre dos animales de distinta especie que con aquella en la que los animales son de la misma especie y pertenecen a la misma manada. Una leona persigue a un ñu y si lo atrapa a la carrera, las heridas que puede tener son accidentales. Pero si en un momento determinado el bóvido se gira y decide enfrentarse, ahí se desencadena una especie de juego… un juego que, como decía el gran Félix, es ”el juego de la vida… y de la muerte”. Y ciertamente el depredador está preparado para dar muerte… pero un pequeño error le puede costar una herida de graves consecuencias (de nada te sirve obtener comida si después no vas a poder disfrutarla). Y esa situación es la que tiene un símil con el “tradicional” y la diferencia con la competición deportiva. En una competición, usted gana cuando le levantan el brazo: le ha golpeado más o lo ha dejado KO. En un conflicto real, gana si sale de la situación lo más indemne posible. No tiene sentido dejar al que lo atacó con navaja hecho unos zorros, si por el camino uno se lleva dos o tres mojás.
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Campeonato en Hong-Kong
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Inciso. Y a todo esto de la competición con contacto, narrado en la introducción de este artículo ¿dónde estaban los practicantes de Kungfu? Pues debido a la variedad de organizaciones y federaciones, había de todo. Pero algunos campeonatos eran (y pueden echar un vistazo en internet) muy duros. Guantes muy ligeros, contacto en todo el cuerpo, reglas muy poco mmm…regladas. Todo eso realizado por gente no profesional. Mucho más parecidos, salvando las distancias, al plan de la película Contacto sangriento que a otras variedades como el Full o el Kick, que ya disponían de un ambiente más “estructura deportiva” (y la película fue posterior a esos campeonatos…). Y en una revista especializada de esa época y referido a los competidores chinos, se podía leer: “Demasiado a menudo/…/un ataque de puño, entrar sobre el adversario y tras un agarre al cuerpo, proyección al suelo, a ser posible dejándose caer sobre él (sic)”. Eso era en el 82… faltaba más de una década para el primer UFC. Y de paso, si miran imágenes de competiciones de estilos orientales desde los 70 hasta los 90 aproximadamente (SXX), incluso cuando eran al punto verán el exceso de técnicas de piernas. La razón de eso es que una de las cosas que más causó impacto cuando los estilos orientales de golpeo desembarcaron masivamente en occidente, fueron las patadas. En occidente los únicos que daban patadas de una forma digamos técnica eran los de Savate (muy poco conocidos incluso en su país de origen, Francia). Así que las patadas se convirtieron en la marca de fábrica de cualquiera que practicase un estilo oriental, en la marca de fábrica de las Artes Marciales Orientales “tradicionales”…. aunque cualquiera que oyese/leyese a un maestro tradicional sabía de sobra que el argumento básico y repetido continuamente era: ¿patadas? poquitas y muy bien dirigidas. Y altas mejor no…
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Bien, como he dicho, las artes marciales orientales tras desembarcar en occidente pasaron por diversas etapas. El gran boom fue allá por principios de los 70 (SXX). Atraídos por lo que veían y por lo que aquello parecía ofrecer, una masa de entusiastas se apuntó a los gimnasios de Artes Marciales (que eran pocos). ¿Motivo principal? “quiero aprender a defenderme”. Por esa época, la mayoría de los que querían eso lo querían porque sabían lo que era ser golpeado; la mayoría de gente (hablo de los machos de la especie) sabían lo que era pelearse. En los años 70, cualquier hombre que tuviera 20 años se había pegado. En el cole, en las fiestas del pueblo, en el baile, en la disco… quizá lo que menos en la calle. Y precisamente porque se habían pegado, y habían dado y recibido (algún caso solo recibido) era un clásico encontrarse en los gimnasios marciales gente que no estaba dispuesta a recibir golpes, especialmente en la cara (que es el gran asunto). “A ver, para que me peguen no tengo que venir aquí. Vengo aquí para aprender a que no me peguen”. Pura lógica.
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Si esto que acabo de escribir sobre la actitud o el carácter de los setenteros les parece raro, échenle un vistazo a los primeros años de la UFC (el término MMA aún no se había inventado); pero no miren los combates (bueno, sí…). Miren al público que asistía a esos combates. Un “personal” parecido a cuando (hasta bien entrada la década de los 80 – SXX) asistías a una velada de boxeo de barrio. Los combates normalmente eran de jóvenes que estaban subiendo, así que normalitos; la gran diversión era el público. Un público lo suficientemente obstinado (o rebelde…) para querer ver un deporte que estaba pasando por una mala época (con la democracia, el boxeo se vio condenado al ostracismo. ¿Razón? Según parece, era una salvajada que para colmo había sido fomentado o favorecido por el régimen anterior… y eso duró más de una década).
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Retomamos. Estupendo, se dirá, pero que a la gente no le guste hacerlo lo único que significa es que está gente no podrá emplearlo porque (y aquí un clásico) ¿cómo se que va a funcionar si no lo pruebo?
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Bien, pues la respuesta a esto (no, no soy el mejor autopublicista del mundo) es: no lo sabe. No sabrá si lo que aprende funciona hasta el día que le pase. El gimnasio es el gimnasio, la calle es la calle. Si entrena con un entreno enfocado hacia una situación “X” (en este caso estamos hablando del enfoque de un Arte Marcial para autodefensa/lucha real) tiene más probabilidades de poder usarlo cuando llegue la situación. Pero nadie puede garantizárselo al 100%. Y en la misma línea, si jamás ha tenido una pelea en el mundo real y acude a un gimnasio para prepararse por si alguna vez le pasa, sepa que la primera vez que tenga una pelea en la vida real, no lo hará bien. Salvo brillantes excepciones, nadie lo hace bien. Como en todas las cosas, se necesita práctica, experiencia… cosa que debería llevar a una reflexión sobre ciertos grandes y mitificados maestros luchadores. Porque cuando se habla del gran maestro tal o cual y se dice que tuvo muchos combates, aquí solo hay dos opciones. Uno, muchos de los combates eran una especie de combate pactado con reglas. O, dos, el tipo era un busca-broncas de mucho cuidado. Porque salvo por motivos de profesión (policía, vigilantes, guardaespaldas…) nadie tiene un montón de peleas a no ser que las ocasione o las busque. La mala fama que a lo largo de los siglos ha tenido el Kungfu chino en China se ha debido, entre otras cosas, a la actitud buscapleitos de muchos de sus practicantes.
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Vuelvo al tema. Bien, se me dirá, pero en un enfrentamiento real te pueden golpear y tienes que acostumbrarte. Bueno, en los estilos “tradicionales” de golpeo siempre se ha consentido e incluso fomentado un cierto grado de golpeo… al cuerpo. En las Artes Marciales Chinas y debido a la gran variedad de estilos, hay endurecimientos yo diría que para prácticamente todas las zonas corporales, incluso las más rebuscadas… En todos los años que llevo no he visto jamás (y he visto mucho) Kungs para “endurecer la cara”. Nunca. Y recuerdo que estoy hablando de autodefensa y de pelea en la calle y de que el agresor va a puño desnudo y lleva zapatos…
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Y en la misma línea y según ese argumento, cuando se practica contra cuchillo o se hace combate libre con cualquier tipo de arma blanca, pues nada, uno debería ser cortado… porque así te acostumbras para cuando te llegue en la realidad… O que cuando los militares hagan maniobras, pues que el fuego sea real y a dar, porque claro así se acostumbran para cuando vayan a la guerra real… Si hablamos de Arte Marcial para “autodefensa”, tanto los enseñantes como los enseñados deberían tener en cuenta la frase que le dirige Bagheera (la pantera) a Baloo (el oso) cuando este último pretende enseñar a luchar a Mowgly: “¡Qué buen maestro eres, viejo zarpas de hierro! Pero si dejas a tu alumno sin sentido… ¿cómo esperas que después recuerde la lección?” (la versión Disney de El libro de la selva de Kipling, la primera).
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Así que ahora volvamos al punto de inicio, ¿es imprescindible el contacto?
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En base a lo dicho y a mi experiencia, yo diría que para la gente que ha pasado por peleas reales, que han dado y han recibido, yo diría que no es imprescindible… pero sí aconsejable. Los “supervivientes” tienen tendencia a usar solo técnicas seguras y que les van bien (o sea, pocas): el típico compañero de gimnasio de los 70 que se pasaba el combate metiéndote una sola técnica (y casi siempre de contra). Así que si quieren mayor variedad técnica, aconsejable el contacto. Aunque les va a costar…
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En cambio, para alguien que acude y jamás se ha pegado en la vida real, yo diría que es bastante imprescindible (porque imprescindible no hay nada… salvo las funciones vitales). Y no se trata de que reciba un montón de golpes, se trata de que aprenda a reaccionar ante un golpe y no se colapse, que aprenda “continuidad”. Que aprenda que eso duele pero no mata. Que no es tan grave como pensaba. En fin, aprender que “no es tan fiero el león como lo pintan”. Porque si hablamos de “autodefensa”, el primer enfrentamiento real (sobre todo si se es el agredido) no es el mejor momento para el descubrimiento de “Jod…! así que esto es una host…!”. Pero quede claro que no se trata de llevarse un montón de golpes en la cara “para acostumbrarse”, ni de hacerlo el primer día y ni tan siquiera en los primeros tiempos. Antes debe pasar por el aprendizaje de la técnica, la potenciación, la práctica a dos, etc.
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A partir de ahí, y dejando de lado su utilidad, con un buen aprendizaje la mayoría de gente acaba apreciando el combate de gimnasio con un cierto contacto.
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Para acabar, el asunto de contacto-sí/contacto-no en el entreno marcial es una cuestión de gustos. Personalmente y pese a lo viejo que soy, para mí sigue siendo más divertido hacer combate de gimnasio lo más técnico posible pero con un cierto contacto (casco y 70%). Me mantiene en forma. Pero eso es entreno. Porque, si me llega una situación real, ahí creo en un contacto imprescindible: el mío; y en un no-contacto imprescindible: el suyo. Ahí, no quiero pillar ni una…
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P.D. Quede claro que la palabra contacto utilizada en este artículo se refiere al combate (de entreno o competición) consistente en un intercambio de golpes libres dados/recibidos sobre todo por todo el cuerpo de los ejecutantes de ese entreno. Cualquier Arte Marcial entrenado con un propósito marcial implica recibir golpes en extremidades y cuerpo al aprender/perfeccionar las técnicas. Igualmente, parte del entender el daño que puede causar una técnica pasa por sentirla/sufrirla corporalmente y no solo teórico-hipotéticamente.
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P.D. II Para los que mi definición de Tradicional les parezca muy rara, sepan que hay un montón de gente actualmente que dicen que hacen tradicional… pero no lo hacen. Desde hace unos “X” años, tradicional es llenar la práctica marcial de un montón de rituales, decorados y postureos supuestamente orientales. Y en cuanto al sirve/no-sirve, re-mírense el Nurmagomedov vs MgGregor. El combate, estupendo. Pero cuando se montó la posterior tangana, yo no diría que Khabib lo hizo muy bien (o sea, no… con el agravante de que fue él el que la lió). Y McGregor, tampoco. Así que no les quitaré méritos a esos dos mitos de las MMA… pero vamos, que según ese baremo que se ha utilizado para desprestigiar a los estilos tradicionales… hombre, pues yo juraría que no les sirvió demasiado…