COREA ANTE LA INVASIÓN JAPONESA: CHOONG-MOO
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Por Andreu Martínez
VII Dan de Taekwon-Do ITF
V Dan de Haidong Gumdo
Director de la Escuela Juche Kwan
master@juchekwan.org
https://juchekwan.org
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Si tuviéramos que elegir al héroe por antonomasia dentro de la cosmovisión coreana, este sería, casi sin lugar a dudas, el Almirante Yi Soon-Sin (1545-1598), conocido por nosotros por su título póstumo (Choong-Moo, Maestro de Leal Valor). Su figura está presente en estatuas, libros, cómics i películas, siendo todavía recordado como un incansable defensor del país ante los ataques extranjeros y uno de los personajes más queridos de la historia coreana.
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En el artículo dedicado a So-San (El Budoka 2.0, nº 86) ya hablamos de la invasión japonesa, también conocida como Guerra Imjin (1592-1598), dirigida por Toyotomi Hideyoshi. Por lo que respecta a la derrota marítima del ejército japonés, el papel del Almirante Yi Soon-Sin resultó clave y, una vez más, no exento de polémica por las difíciles circunstancias que marcaron su vida.
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Kobukson. Barco tortuga.
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El Almirante Yi Soon-Sin llevó a sus naves a la victoria en 23 ocasiones, enfrentándose casi siempre a ejércitos que le superaban en número. Pero, al contrario de lo que podríamos pensar, no siempre recibió los honores que merecía: a pesar de sus logros y de hacer siempre todo lo posible para defender a su país, incluso después de muerto, sufrió la envidia de parte de la corte, llegando a ser torturado y degradado al rango de soldado raso. Cuando no quedó más remedio, fue promovido de nuevo al rango de Almirante General, puesto que nadie más que él podía hacer frente al avance del ejército japonés.
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Además de los vastos conocimientos que nuestro protagonista albergaba acerca de las mareas, el territorio, la estrategia y la táctica… todavía se guardaba un as en la manga: el Kobukson. Se atribuye a Yi Soon-Sin la invención del primer acorazado blindado, del que se dice que es el precursor del actual submarino. En sus propias palabras, se trata de un “un barco tortuga con una cabeza de dragón, de cuya boca podemos disparar nuestros cañones, y con clavos de hierro en la superficie para perforar los pies del enemigo cuando intenten abordarnos. Como tiene la forma de una tortuga, nuestros hombres pueden ver desde dentro, pero el enemigo no puede vernos desde fuera. Se mueve tan rápido que puede sumergirse en medio de cientos de naves enemigas en cualquier condición climática para atacarlas con balas de cañón y fuego”. Esta genial invención resultó crucial en muchas de sus victorias.
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Conocemos muchos detalles de la vida de Choong-Moo, como el que hemos citado previamente, a través de dos de sus textos que todavía se conservan: el Diario de guerra y los Memoriales ante el tribunal. En ellos podemos encontrar múltiples ejemplos de su coraje, lealtad y determinación. Suya es la frase: El que busque la muerte, vivirá; el que busque vivir, morirá.
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La fama de Yi Soon-Sin ha traspasado las fronteras de Corea: sus 23 victorias, entre las que se incluye la extraordinaria Batalla de Myeongryang, y ninguna derrota, le garantizan un lugar en el panteón de los grandes Almirantes. No solo por su intachable carrera militar, sino también por su integridad y devoción a su país y sus habitantes. Yi Soon-Sin no luchó por expandir el territorio de Corea (entonces Joseon), ni por su gloria personal. A pesar de sufrir las injusticias del poder en carne propia, no dudó en defender a los suyos cuando fue necesario. Su recuerdo representa una inagotable fuente de inspiración para las presentes y futuras generaciones.
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Aquí acaba nuestro relato del Gran Almirante Yi Soon-Sin, admirado antes por sus enemigos que por sus superiores. A él está dedicado el Tul número 9, el último que aprendemos antes de pasar a la categoría de Dan. Como dice el General Choi: La razón por la cual esta forma acaba con un ataque con la mano izquierda es para simbolizar su lamentable muerte, no pudiendo mostrar todas sus capacidades debido a su lealtad al rey.