Aikido sénior: Aikido para la tercera edad

Por José Santos Nalda Albiac (publicaciones)
5º Dan Aikido
Maestro Nacional Refejyda
https://aikicontrol.blogspot.com
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El término sénior, para los efectos de este artículo, se refiere a las personas que están comprendidas en el tramo de edad que va de los cincuenta y cinco años a los setenta y cinco, y que en su juventud han practicado algún deporte, aunque esta no sea una condición indispensable.
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El calificativo sénior procede del latín senior que significa: viejo, anciano, y durante el Imperio Romano se empleó para referirse a los ancianos más respetables, o sea, los senadores romanos.

En un dojo de Aikido, los practicantes que han superado los cincuenta y cinco años pueden considerarse alumnos sénior, con plena capacidad de acción, pero adaptando los entrenamientos a sus posibilidades físicas, que naturalmente ya no son las mismas que a los veinticinco años.
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¿Es posible iniciarse o seguir la práctica de este arte a partir de los 55 o 60 años de edad?
Desde mi experiencia de más de cincuenta años enseñando el arte de Ueshiba puedo afirmar que, cualquier persona no afectada por ninguna enfermedad o lesión articular, que suponga un impedimento serio, el Aikido le va a permitir iniciar o profundizar la práctica, adaptada a su condición física con el riesgo mínimo de lesionarse.
El aikidoka sénior progresa a su ritmo, si bien con sus propios objetivos de mejora, pero libre de la ansiedad por conseguir grados, una actitud que le permite profundizar mejor en el sentido de lo que hace, lo que busca y lo que espera.
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¿Por qué practicar Aikido a partir de los cincuenta y cinco años?
El cuerpo (músculos, tendones, articulaciones, corazón, pulmones, etc.) ya no posee las mismas capacidades que a los veinte años, es una evidencia que hay que tener en cuenta en la programación de las clases por parte del profesor, al que cabe la responsabilidad de controlar la intensidad de los entrenamientos, así como proponer aquellos ejercicios que son más apropiados para estas personas.
En nuestra sociedad los sénior son cada vez más activos y buscan ocupar su tiempo con aficiones que mejoren su calidad de vida, un propósito que el Aikido puede cumplir ampliamente dado que su práctica va a solicitar, de manera adaptada a cada uno, la puesta a punto de las condiciones físicas, técnicas, mentales, emocionales y éticas, susceptibles de ser mejoradas y mantenidas en el tiempo.
La principal motivación de los sénior que desean involucrarse en el arte del Aikido, es la conservación de la salud y de la forma física y mental, acompañada si es posible de personas que comparten el mismo fin.
Los entrenamientos comienzan con un calentamiento muscular, articular y una preparación cardiorrespiratoria y mental; las caídas se realizan de manera suave rodando, y no chocando contra el suelo, protegiendo y flexibilizando la columna vertebral, así como el resto de articulaciones.
Se limita o evita el trabajo anaeróbico, de modo que los ejercicios en el modo jiyu waza no sobrepasen el minuto de duración.
También se limita a dos o tres minutos el trabajo en suwari waza.
Durante el entrenamiento se introducen pausas de recuperación, de modo que cada seis o siete minutos el profesor cambia de técnica, y mientras explica la siguiente los alumnos disponen de dos o tres minutos de descanso.
El profesor programa el contenido de la clase evitando aquellos ejercicios que pueden sobrepasar la capacidad física de los sénior.
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Beneficios que conlleva la práctica del Aikido para los sénior
• La fluidez de los movimientos mejora las articulaciones, la postura y evitan la rigidez muscular permanente.
• Mejora la estabilidad y equilibrio corporal y los reflejos de protección.
• Se estimula la capacidad de atención y concentración, así como la memoria procedural.
• La práctica regular aumenta la capacidad de los músculos para consumir la glucosa, se hacen más sensibles a la acción de la insulina y disminuye la cantidad de azúcar en la sangre.
• Se habitúa a adoptar la actitud psicofísica, idónea para cada momento.
• A medida que se progresa en el aprendizaje, mejora la autoconfianza, la autoestima y el autocontrol.
• El cambio de compañero cada vez que el profesor cambia de técnica, favorece la solidaridad, la empatía y la a mistad entre ellos, creando un sentimiento de pertenencia al grupo.
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¿Por qué elegir el Aikido?
La filosofía del Aikido propone la adquisición de una serie de valores y actitudes de indudable utilidad para la vida cotidiana como son: el respeto, la paciencia, la perseverancia, la adaptabilidad a los cambios, etc. que motivan, animan y generan una actitud positiva frente a las dificultades y el deseo de seguir activos para su propio bienestar.
La experiencia nos demuestra que la práctica del Aikido se adapta perfectamente a la capacidad y necesidad de cada persona, y en ningún momento fuerza sus posibilidades, lo cual no es ningún impedimento para progresar sin presiones ni riesgo de lesionarse.
Las técnicas se aprenden y practican poniendo la atención en la fluidez y la flexibilidad, antes que en la fuerza y la velocidad.
Los entrenamientos constituyen una actividad social, y crean ocasiones de encuentro, en las que compartir, conocimientos, opiniones, actividades, etc. evitando el aislamiento o la soledad.
En cuanto al aspecto filosófico del Aikido, el sénior se familiariza con la búsqueda de la armonía, la comprensión y la aceptación de los otros, la integración social, el bienestar emocional y el desarrollo personal factores que, sin duda, contribuirán a una mejor calidad de vida.
El aprendizaje de las técnicas frente a todo tipo de ataques, permite habituarse a la situación de estrés psicológico frente al peligro, y a responder de manera más eficaz, más racional y sobre todo proporcional, acorde con el espíritu del Aikido y con el Código Penal.
No existe la competición en Aikido, ni la rivalidad que deja un ganador y un perdedor, cada uno entrena para mejorarse a sí mismo de acuerdo a sus aptitudes personales, favoreciendo la convivencia, la ayuda y el progreso mutuo, en un marco de máxima seguridad.
Sin olvidar el aspecto de protección personal, o la capacidad de autodefensa, aprendiendo a manejar situaciones de riesgo sin recurrir a la violencia, un aprendizaje que se adquiere con los entrenamientos, aunque no sea este el objetivo principal del Aikido.
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El ambiente del dojo
El Aikido sénior es ante todo una escuela de vida en la que se mejora y refuerza el cuerpo y se alegra y rejuvenece el espíritu.
En la clase de Aikido se encuentran personas sénior de diferentes profesiones, en un ambiente tranquilo, cordial y respetuoso gracias al cual muy pronto se establecen relaciones amables de compañerismo y empatía, dado que no existe la idea ni la posibilidad de competir contra nadie, cada uno trabaja para su propia superación con la ayuda del compañero de turno, en un marco de agradable convivencia que hace interesantes y provechosas las clases, dejando en cada alumno la sensación de que ha merecido la pena asistir un día y otro, durante todo el curso.
Practicar Aikido después de los 55 años además de que es perfectamente posible, puede ser una de las mejores decisiones que, sin duda alguna, mejorarán la calidad de vida de esa persona.
La realidad que se vive en los centros donde se enseña y practica el Aikido muestra que el número de alumnos que sobrepasan la cuarentena, es sensiblemente mayor que los que tienen entre 18 y 30 años.
Los aikidokas sénior viven los entrenamientos con más aplicación y deseos de aprender, si bien a su ritmo, no sienten la urgencia de pasar de grado, sino de asimilar bien lo expuesto en cada clase, son más constantes y más conscientes de sus posibilidades y de sus limitaciones y, en consecuencia, el riesgo de accidente muscular o articular queda reducido al máximo.
Dadas las muchas posibilidades de formación integral del Aikido, en el ámbito físico, técnico, mental, emocional y ético, cabe pensar que cada vez serán más las personas sénior que descubran y decidan seguir este camino, que va a enriquecer notablemente su calidad de vida.
Un reciente estudio de la Harvard Medical School reveló que practicar artes marciales suaves, en especial el Aikido, es la actividad física más beneficiosa para personas mayores de 55 años, debido a su bajo impacto sobre las articulaciones y su enfoque en los movimientos fluidos, por lo que se revela como un excelente medio para conservar la salud y el envejecimiento activo.
Si la curiosidad nos lleva a consultar los dojos que aparecen en Internet podemos ver en las fotos que publican, que la mayoría de los que figuran en ellas, son aikidokas que bien pueden considerarse como sénior. También en nuestro Dojo Almozara, el grupo de personas que sobrepasan la cincuentena es mayor que el de los jóvenes, y el ambiente de armonía y respeto es tan cordial y acogedor, como el espíritu de superación.
Dado el aumento continuo de la población mayor de 65 años, las artes marciales suaves como el Aikido, perfectamente asequible y adaptable al sector sénior, los centros especializados cada vez ofrecerán más programas, cursos y entrenamientos pensados para este grupo de personas.
En cuanto a los aikidokas comprendidos entre los 17 y los 30 años, su inscripción y presencia en los dojos de Aikido no es muy numerosa, ya sea porque la situación de estudiantes o trabajadores, no se lo permite, o bien porque los responsables de la enseñanza de este Arte no hemos acertado en mostrar toda la riqueza que les puede aportar en cuanto a su desarrollo personal, así como la utilidad de todos sus valores y actitudes, aplicados a la vida cotidiana…


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