Por Maestro José Gago (obra publicada)
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El Gran Maestro Fu Qing Quan, 6ª generación de la Familia Yang y 8º Duan de la Federación China de Wushu, impartió en Ourense un nuevo seminario internacional del genuino Taijiquan, que recibió de su abuelo y de su padre, como descendientes de la Familia Yang. Ha sido un tiempo extraordinario compartiendo afición y experiencias con más de 100 compañeros de Taiji de Canadá, Japón, Malta, Rumanía, Portugal, España y China.
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GM Fu Qing Quan impartió sus enseñanzas en un buen inglés, pues vivió su juventud en Australia, y la mayoría de los participantes pudieron seguir perfectamente sus explicaciones que también se iban traduciendo al castellano.
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En la actualidad se hace necesario calificar su Taiji como auténtico, pues a partir de los años 20 del siglo pasado comenzaron a surgir variantes de la forma original de Taijiquan debido a la gran demanda que se generó en China, como resultado de los muchos beneficios que aportaba para la salud. Los estudiantes que aprendían con la Familia Yang no estaban mucho tiempo con ellos, por las circunstancias normales de la vida y también por que las primeras generaciones de la Familia Yang golpeaban muy duro. Algunos maestros crearon variantes de la forma original que después se difundieron como diferentes estilos como el Taiji Sun y el Wu Hao, entre otros.
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La Familia Yang se mostraba descontenta con tales variantes. Chen Wei Ming, discípulo de Yang Cheng Fu, escribió sobre este tema en su libro Preguntas y respuestas sobre el Taichi en 1929. Citamos aquí la pregunta siete de este libro referente a las diferencias que ya se apreciaban en la forma en 1929:
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Si preguntas a la gente que practica Taichi en Beijing, todos siguen la escuela de la Familia Yang. Entonces, ¿por qué hay algunas diferencias en la forma?
Aunque la forma difiere ligeramente, el significado no ha cambiado en absoluto. En mi humilde opinión, las razones de esta ligera diferencia se deben a dos aspectos. En primer lugar, antiguamente la distinción entre maestro y alumno era muy estricta; si algo no se entendía, no se atrevían a preguntar demasiado. Por su parte, los maestros tampoco estaban dispuestos a realizar demostraciones frecuentes ante los alumnos. Por ello, no se podía alcanzar la postura más precisa. Por otra parte, aunque se lograra la postura precisa, tras varias generaciones de transmisión, debido a las diferencias de carácter de cada persona, se producían cambios imperceptibles. Como no son capaces de darse cuenta de ello, el Taichi no puede alcanzarse a menos que quien lo transmita cuente con un método de enseñanza extremadamente preciso y que los alumnos realicen un estudio minucioso y detallado.
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El maestro Fu comenzó su entrenamiento, a la edad de 6 años, con su abuelo Fu Zhong Wen y con su padre Fu Sheng Yuan, recibiendo la formación teórica y práctica de todo el sistema, convirtiéndose en la sexta generación de la Familia Yang. Así, durante el curso en Ourense se siguió el programa que se expone en profundidad en el libro que recientemente publicad: Métodos de aplicación del Taiji Yang original (Editorial Alas).
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El maestro Fu comenzó exponiendo con precisión el movimiento técnico del esqueleto apendicular inferior para comprender la biomecánica corporal del arco formado por la pelvis y los fémures, y buscando la conexión de las cadenas musculares que intervienen en los movimientos internos necesarios para conseguir el enraizamiento del Taiji y la energía en cada paso.
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En segundo lugar mostró cómo mientras que la cintura pélvica se mantiene firme y enraizada, la cintura o eje axial se mantiene flexible girando continuamente. Para conseguir este efecto, la cadera debe mantenerse en retroversión y las vértebras lumbares se alinean, liberando el punto Ming Men, puerta de la vida, permitiendo que el Qi descienda al Dantian bajo.
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En tercer lugar expuso el funcionamiento de la cintura escapular y la conexión de las cadenas musculares que trasmiten la energía desde la cintura hasta las manos.
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Y en cuarto lugar mostró la coordinación de las tres partes que se convierten en un todo, en una esfera que se mueve desde el interior y va transformándose armoniosamente en diferentes ejercicios tridimensionales, que, a su vez, manifiestan las diferentes energías y las cinco direcciones.
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De esta forma, los ejercicios se convierten en Dao Yin, conduciendo el Qi y la sangre en forma de ocho, es decir en forma continua y cruzada por todo el cuerpo.
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A continuación mostró cómo esta coordinación y los principios se mantienen en los diferentes ejercicios de la forma de Taijiquan, entrenándolos por separado, para entender también los beneficios que cada ejercicio aporta a los diferentes órganos y vísceras, que son más importante aún que los beneficios estructurales, observando y corrigiendo a los participantes uno por uno.
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Una vez revisado todo lo anterior se entrenó la forma de 85 ejercicios, que es la combinación continua de los 37 diferentes ejercicios de Taiji Yang. Esta forma aporta un extraordinario entrenamiento físico, pero también es Chikung, es decir, contiene movimiento interno, respiratorio y mental, produciendo calma y bienestar emocional.
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Finalmente se entrenaron algunos ejercicios de Tuishou, un entrenamiento en parejas para aprender a mover nuestra energía interna con una intención determinada, que va a tener una manifestación externa especifica y concreta, empujar, tirar, desviar etc., Esta energía se denomina Jin. Por ejemplo, rechazar se dice Peng en chino, pero, tener la capacidad para rechazar con energía interna se diría Peng Jin. Esto requiere gran entrenamiento, pero hay quien cree que no es necesario entrenar mucho la forma, que entrenado mucho el Tuishou se va a alcanzar esta capacidad mucho antes… No voy a contestar a esto, vamos a ver la respuesta que Chen Wei Ming en su libro citado de 1929 dio a esta pregunta.
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Hay quien dice que no es necesario practicar mucho las formas, sino que basta con practicar el «Tui Shou» para mejorar en el kung fu. ¿Es cierto?
Quienes menosprecian las formas son aquellos que aún no han comprendido las reglas y el espíritu esencial de las mismas. Las formas constituyen la base más importante. Solo practicándolas durante mucho tiempo, solo así el cuerpo podrá ser pesado como el monte Tai o ligero como una pluma. Si no se practica la postura, por mucho que se practique el Tuishou, el cuerpo seguirá teniendo momentos de inestabilidad y será fácil que otros lo desequilibren.
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Para practicar en parejas el Tuishou es necesario primero entender por separado las tres partes en las que se compone la estructura humana, y la función conjunta y en armonía de las tres.
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Después de esto, al entrenar la forma comprendemos la importancia de la continuidad del Jin y cómo deben de enlazarse los diferentes ejercicios sin que nunca se pierda su continuidad. Hay que conseguir que no se rompa o se pegue el hilo de seda. Antes de pasar al Tuishou es fundamental tener todo esto muy bien comprendido y entrenado.
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Sin duda fue un privilegio contar con el maestro Fu en España un año más y recibir de primera mano toda esta información, que generosamente ha compartido con nosotros y recibir sus correcciones, para poder llevar todos estos conceptos a nuestra práctica diaria y mantener sin cambios esta sabiduría centenaria.
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Su siguiente seminario en España está previsto para el próximo año 2027, del 9 al 12 de octubre, en Ourense…