Por J. Sala
Redacción de EL BUDOKA 2.0
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Hija de una de las figuras más influyentes de las artes marciales, Ingrid Gress ha sabido convertir esa herencia en un estímulo para crecer con identidad propia. Su implicación, esfuerzo constante y afán de superación la han llevado a ganarse su lugar a base de trabajo, disciplina y dedicación diaria.
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Buenos días Ingrid y muchas gracias por dedicarnos tu tiempo para responder a esta entrevista. ¿Desde cuándo practicas artes marciales?
En primer lugar, quiero agradeceros sinceramente la invitación a participar en esta entrevista. Me hace muchísima ilusión haber sido invitada, especialmente porque la revista El Budoka es una revista que siempre me ha llamado la atención. Desde muy pequeña he estado vinculada al mundo de las artes marciales, por lo que esta publicación ha sido siempre una referencia dentro de este ámbito.
Respecto a la pregunta que desde cuándo practico artes marciales, la respuesta no es sencilla. Mi padre, Máster Ricardo Gress, ha estado siempre profundamente involucrado en el mundo de las artes marciales y, de una forma u otra, siempre me ha estado formando, incluso dentro del entorno familiar. Por eso resulta difícil establecer un momento concreto en el que comenzara mi aprendizaje.
Es cierto que practiqué MUGENDO desde muy pequeña, ya que mi madre me apuntó cuando era niña. Sin embargo, con el paso del tiempo empecé a realizar otras actividades extraescolares y terminé dejando la práctica durante una etapa.
Más adelante, cuando tenía 13 años, viví una situación que marcó un punto de inflexión. En el colegio tuve un altercado con una compañera que me agarró del cuello porque pensó que me estaba riendo de ella. En aquel momento me quedé completamente paralizada y no supe cómo reaccionar. A raíz de esa experiencia, mis padres decidieron tomar medidas y consideraron importante que adquiriera herramientas para saber afrontar situaciones similares en el futuro.
Fue entonces cuando me apuntaron a todos los cursos de defensa personal que se impartían en aquella época, dirigidos por Máster Gress y Javier Sáenz. A partir de ese momento retomé mi formación de una manera mucho más seria y consciente, desarrollando no solo habilidades técnicas, sino también confianza, autocontrol y seguridad personal.
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Preguntarte qué despertó tu interés por estas disciplinas resulta innecesario habida cuenta que están en tu hogar desde siempre ¿correcto?
Sí, es cierto que las artes marciales siempre han estado presentes en mi vida y, precisamente por eso, siempre me han llamado la atención. Han formado parte de mi día a día desde que era pequeña y también del estilo de vida de mi familia, por lo que han sido una influencia constante en mi crecimiento personal.
Más allá de la práctica deportiva, las artes marciales me han aportado valores fundamentales como la disciplina, el respeto, la constancia y la humildad. Son valores que, en muchas ocasiones, resulta difícil encontrar o mantener en otros ámbitos de la vida, pero que forman parte de la esencia misma de las artes marciales y de todo lo que representan.
Creo que esa combinación entre desarrollo personal, educación en valores y preparación física es lo que hace que las artes marciales sean tan especiales y que hayan tenido un impacto tan importante en mi forma de entender la vida.
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Master Ricardo Gress lleva muchos años involucrado con las Artes Marciales, Wamai, Mugendo… muchas horas de trabajo, de esfuerzo y dedicación plena ¿Cómo lo vives tú desde dentro?
He vivido la trayectoria de Máster Ricardo Gress desde muy cerca y siempre he admirado profundamente el esfuerzo, la dedicación y la constancia que ha demostrado en todas las áreas de su vida. Son cualidades que siempre han formado parte de su manera de ser y que, por supuesto, también se han visto reflejadas en su labor dentro de las artes marciales.
Detrás de cada proyecto, cada curso y cada iniciativa, siempre ha habido una gran planificación, compromiso y pasión por ayudar a los demás a crecer. Lo que más me ha impresionado a lo largo de los años ha sido observar el impacto positivo que las artes marciales tienen en las personas. He visto cómo muchos alumnos llegan con inseguridades, falta de confianza o dificultades personales y, poco a poco, a través de la práctica y los valores que transmiten las artes marciales, se convierten en personas más disciplinadas, seguras de sí mismas y capaces de afrontar nuevos retos.
Haber vivido todo este proceso desde dentro ha sido una experiencia muy enriquecedora y emocionante. Ver cómo una persona comienza un arte marcial siendo de una determinada manera y cómo, con esfuerzo y perseverancia, consigue mejorar tanto física como mentalmente, es algo realmente gratificante. Presenciar esa transformación personal en tantas personas a lo largo de los años es una de las cosas más bonitas que he podido experimentar y, sinceramente, es algo que no tiene precio.
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¿Has practicado otras artes marciales?
Aunque he tenido la oportunidad de conocer otras disciplinas, la realidad es que prácticamente toda mi vida he practicado Mugendo, que ha sido el arte marcial que me ha acompañado durante mi formación y crecimiento tanto personal como deportivo.
La única excepción fue durante una etapa en la que tuve la suerte de vivir y trabajar en Estados Unidos. Durante ese tiempo me apunté a un gimnasio de la UFC, donde pude aprender y entrenar diferentes aspectos relacionados con las MMA (Artes Marciales Mixtas). Fue una experiencia muy enriquecedora que me permitió conocer otras metodologías de entrenamiento y ampliar mi visión sobre el mundo de las artes marciales.
Sin embargo, mi trayectoria ha estado siempre ligada principalmente al Mugendo, disciplina con la que me he formado durante la mayor parte de mi vida y con la que me siento especialmente identificada.
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Para llegar a dirigir un centro de este nivel, habrás tenido que formarte a diversos niveles… y quizá con una exigencia algo superior por ser quién eres.
Para poder dirigir el centro que gestiono actualmente he tenido que formarme en muchos aspectos, tanto técnicos como personales. Dentro de mi formación, la defensa personal siempre ha tenido un papel muy importante, en gran parte porque Máster Ricardo Gress siempre me ha orientado especialmente hacia ese ámbito. Por eso, los cursos de defensa personal femeninos son una de las áreas que más disfruto y en las que más interés he puesto a lo largo de los años.
También es cierto que crecer siendo la hija de un maestro ha supuesto una responsabilidad añadida. Desde pequeña he sentido que se esperaba más de mí y que debía esforzarme especialmente para demostrar mis capacidades. Esa sensación estuvo muy presente durante mis exámenes de grado, especialmente en el examen de cinturón negro.
Siempre he procurado exigirme más de lo que se me exigía. Sentía la necesidad de demostrar que los logros que iba alcanzando no eran fruto únicamente de mi entorno o de mi apellido, sino también del trabajo, la disciplina y el esfuerzo que había invertido durante años. Al mismo tiempo, considero fundamental reconocer el papel de mis maestros en mi formación. Sería imposible estar donde estoy hoy sin todo lo que ellos me han enseñado y transmitido a lo largo del camino.
Esa combinación entre gratitud y autoexigencia ha marcado gran parte de mi trayectoria. Recuerdo que incluso durante mi examen de cinturón negro realizaba las pruebas a un ritmo muy exigente, sin aprovechar en muchas ocasiones el tiempo adicional que podía dedicar a recuperarme. Lo hacía porque sentía que debía demostrarme a mí misma que estaba preparada y que merecía estar allí por mi propio trabajo y dedicación.
Con el tiempo he aprendido que no se trata de demostrar nada a los demás, sino de dar lo mejor de uno mismo cada día. Sin embargo, esa exigencia personal me ayudó a desarrollar una disciplina y una capacidad de esfuerzo que hoy sigo aplicando tanto en las artes marciales como en la dirección del centro.
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Centrándonos en el Mugendo ¿qué puntos fuertes destacarías en esta disciplina?
Si tuviera que destacar los puntos fuertes de Mugendo, uno de los principales sería, sin duda, su sistema pedagógico. Es un método que ayuda a los niños a desarrollarse a través del refuerzo positivo, incentivándolos a sacar la mejor versión de sí mismos. No se trata únicamente de aprender técnicas dentro del tatami, sino también de trasladar valores y comportamientos positivos a su vida diaria, en casa, en el colegio y en su entorno social.
Creo que es un programa muy completo y bien estructurado, en el que se aprecia el trabajo y la aportación de diferentes profesionales especializados en educación y salud mental. Esto permite que la formación vaya mucho más allá del aspecto físico y se centre también en el desarrollo emocional y personal de cada alumno.
En el caso de los adultos, destacaría especialmente el trabajo de superación personal y el aumento de la confianza en uno mismo. Muchas personas se acercan a las artes marciales porque han vivido situaciones que les generan inseguridad o porque desean sentirse más preparadas para afrontar determinadas circunstancias de la vida cotidiana. Lo que buscan, en el fondo, es ganar seguridad y confianza.
Sin embargo, esa seguridad no se consigue únicamente fortaleciendo el cuerpo. También es necesario trabajar la mente, la gestión emocional y la confianza en las propias capacidades. Uno de los aspectos que más valoro de Mugendo es precisamente esa atención al desarrollo mental y emocional de la persona. Se trabaja constantemente la actitud, la perseverancia y la convicción de que somos capaces de afrontar y superar los desafíos que nos presenta la vida.
Por eso considero que Mugendo no solo forma practicantes de artes marciales, sino que también contribuye a formar personas más seguras, disciplinadas y preparadas para afrontar cualquier reto dentro y fuera del tatami.
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Se nota un cuidado especial en el trabajo formativo en todos sus alumnos, pero especialmente en niños y adolescentes. ¿Qué podrías explicarnos al respecto? ¿Cómo se trabaja el respeto y la disciplina con niños y adolescentes?
Como he mencionado anteriormente, el respeto y la disciplina en Mugendo se trabajan principalmente a través del refuerzo positivo, tanto en niños como en adolescentes.
En el caso de los más pequeños, este proceso se apoya en herramientas como la agenda de seguimiento, en la que se va reforzando y reconociendo su comportamiento positivo, no solo dentro del tatami, sino también en casa y en su entorno diario. Dentro del entrenamiento, también se utilizan los tips, que son pequeñas recompensas o pegatinas que se van obteniendo a lo largo del proceso y que sirven como parte del sistema de progreso hacia el cambio de cinturón.
En el caso de los adolescentes, el enfoque sigue siendo el refuerzo positivo, pero adaptado a su etapa de desarrollo. Los instructores estamos formados de manera específica para aplicarlo de forma consciente y adecuada, ayudándoles a centrarse en aquello que están haciendo bien, reforzando sus fortalezas y fomentando así su motivación interna.
De esta manera, son ellos mismos quienes, a través de ese reconocimiento positivo, van desarrollando la capacidad de mejorar aquellas áreas en las que tienen más dificultad, fortaleciendo su confianza y su compromiso con el propio proceso de aprendizaje.
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¿Tu club de Mugendo ofrece algo distinto a otros centros, o tratáis de mantener una coherencia en todos los centros?
Todos los clubs de Mugendo buscan mantener una línea común y una coherencia en su metodología, ya que existe un programa estandarizado que todos seguimos para garantizar una formación homogénea.
En nuestro caso concreto, en el club en el que trabajo, ponemos un énfasis especial en la defensa personal. Esto también responde a una motivación personal, ya que es un aspecto que ha tenido un peso importante en mi propia vida y, por tanto, me siento especialmente comprometida con su enseñanza y desarrollo.
Aun así, es importante destacar que esta especialización no rompe la estructura general del sistema, sino que se integra dentro del programa común de Mugendo, que todos los centros comparten. Esto permite mantener una base sólida y coherente en todos los clubs, al mismo tiempo que se pueden potenciar determinados aspectos según la filosofía y la experiencia de cada equipo.
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¿Qué crees que buscan las personas que se acercan a tu Escuela, una mejora física, aprender a defenderse, potenciar su autoestima…?
Muy buena pregunta. Creo que la mayoría de las personas que se acercan a mi escuela lo hacen buscando, en gran medida, un aumento de su autoconfianza. No se trata únicamente de aprender técnicas o mejorar dentro del dojo, sino de algo mucho más profundo que afecta a todos los ámbitos de su vida.
Cuando una persona empieza a sentirse capaz dentro del entrenamiento, esa sensación se traslada de forma natural a su día a día. La confianza que adquiere en el tatami se refleja también fuera de él: en la calle, en su entorno social, en el trabajo y en cualquier situación cotidiana.
Al final, el trabajo que hacemos en artes marciales no se limita al aspecto físico, sino que tiene un impacto directo en la forma en la que la persona se percibe a sí misma y en cómo afronta los retos de su vida.
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Aunque se apoya en artes marciales tradicionales, Mugendo tiene un sistema pedagógico moderno ¿no es así?
Correcto. Aunque Mugendo se basa en artes marciales tradicionales, cuenta con un sistema pedagógico moderno que está diseñado para incentivar y acompañar el desarrollo integral de los alumnos, especialmente de los más pequeños.
El objetivo principal es que cada alumno pueda dar lo mejor de sí mismo en todas las áreas de su vida, no solo dentro del entrenamiento, sino también en su entorno familiar, escolar y social. Para ello se utilizan herramientas específicas como la agenda de seguimiento y los tips del cinturón, que permiten reforzar de forma constante los avances, los buenos hábitos y el esfuerzo diario.
Este sistema de refuerzo positivo ayuda a que los niños se sientan motivados, valorados y conscientes de su progreso, favoreciendo así su crecimiento personal de una manera estructurada y coherente con la filosofía del programa.
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Con respecto a la competición ¿la promueves? ¿es imprescindible, la recomiendas? ¿Qué puedes decirnos al respecto?
En el caso de la competición, siempre he considerado que es algo muy personal y que depende de cada alumno. No es un elemento imprescindible dentro del proceso de aprendizaje, sino una opción que cada persona puede elegir en función de su motivación y sus objetivos.
Por más que a mí personalmente me guste el ámbito competitivo, soy consciente de que muchas personas se acercan a la escuela no con la intención de competir, sino buscando un aumento de su confianza, seguridad y bienestar personal. Por eso, no todos los alumnos tienen por qué seguir ese camino, y es importante respetar esa diversidad de objetivos.
Para aquellos que sí sienten interés por la competición, siempre intento transmitir que lo más importante no es enfrentarse a otra persona, sino superarse a uno mismo. La verdadera competición, es contra uno mismo, contra los propios límites, miedos y bloqueos.
De esta forma, el enfoque se mantiene siempre en el crecimiento personal y en el proceso individual de mejora, evitando que la competición se convierta en una comparación constante con los demás. Nunca me ha gustado la idea de que competir sirva para alimentar el ego de nadie, ya que considero que el ego puede convertirse en uno de los mayores obstáculos en el desarrollo de una persona, tanto dentro como fuera del tatami.
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¿Qué planes tienes para los próximos años?
Me gustaría poder seguir aumentando el número de alumnos en mi escuela, ya que considero que cuanto más crece el proyecto, más personas pueden formar parte de la familia que hemos construido. Para mí, la escuela no es solo un lugar de entrenamiento, sino un entorno de crecimiento personal y apoyo mutuo.
Uno de mis principales objetivos es poder enfocar una parte importante de mi trabajo a impartir cursos de defensa personal femenina. Me gustaría poder ayudar especialmente a mujeres que han vivido situaciones de abuso o que han tenido algún tipo de altercado en la calle, ofreciéndoles herramientas prácticas, pero también un espacio seguro donde puedan recuperar la confianza en sí mismas.
Además, al ser psicóloga, el bienestar emocional y la salud mental de los alumnos es algo que siempre tengo muy presente. Considero que el trabajo en artes marciales no puede separarse del plano emocional, y por eso me esfuerzo en cuidar no solo el desarrollo físico, sino también el psicológico y personal de cada persona que pasa por la escuela…