La transición de Mugendo

Por Ricardo Gess
https://mugendo.es
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Definir la transición de Mugendo y su evolución en España, es explicar cómo empezó todo y cómo se llegó al momento actual.
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Y hablando del pasado, ¿qué puede ocurrir cuando una persona tiene un sueño y este sueño se rompe? Pues sucede igual que un espejo que cuando cae al suelo se convierte en un montón de añicos y esta es la mejor imagen gráfica de lo que me sucedió a mi como dueño de mi primer gimnasio de fitness y artes marciales.
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La quimera de los antiguos alquimistas era encontrar una ciencia secreta cuyo objetivo fuera transformar el plomo en oro. Este símil lo menciono para poder compararlo con los esfuerzos realizados cuando abrí mi primer gimnasio, para que diera oro y en realidad solo dio por más que lo intenté, plomo y más plomo. Aunque parezca idealista, yo no tenía ningún interés económico que fuera más importante que el deportivo, ya que ante todo mi amor por las artes marciales era superior a cualquier otra cosa.
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Mi primera etapa como quizás la de la mayoría de los instructores de artes marciales que existen en nuestro país, fue una larga etapa de dar clases en escuelas y colegios y centros deportivos como instructor.
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De esa etapa diría que fue una muy buena, muy activa y atractiva, no tenía ninguna responsabilidad en temas de limpieza, mantenimiento de instalaciones, alquileres, gastos etc., solo estaba preocupado en llegar a la hora y dar buenas clases, me encantaba ese trabajo, que lo podía compaginar con mis estudios en la universidad donde cursaba ingeniería.
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A destacar que durante varias temporadas llevé la sección de Karate del excelente colegio Padre Manyanet de Barcelona, donde tuve fantásticos alumnos y la relación profesional de este colegio religioso conmigo siempre fue excelente. Pude empezar a dar clases en esta instalación educativa gracias a la recomendación de un alumno primero y gran amigo después, el ex sacerdote Antonio J.
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A Antonio lo conocí cuando se me presentó en las clases que yo daba en las instalaciones de un gimnasio de culturismo que ya no existe, que se llamaba Master Gym y que estaba en la ciudad de Castelldefels (Barcelona). Lamentablemente ya no está abierto este centro, pero guardo grandes recuerdos de mi paso por él.
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La personalidad de Antonio J. y las circunstancias que le rodeaban le hacía destacar sobre todos los demás ya que fue mi primer alumno que tuve en clases privadas. Hoy en día es muy común tener alumnos en clases privadas, pero en la década de los 80 era algo muy infrecuente.
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Todos los instructores nos sentimos halagados cuando alguien que se inicia en el camino marcial lo quiere hacer bajo tu guía y tutela. Al final de una de mis clases, Antonio se quedó a ayudarme a recoger los tatamis, pues la sala que usábamos para las clases era multiusos y debía dejarla lista para otras actividades. Fue entonces cuando aprovechó para decirme que no le bastaban las clases grupales y que quería hacer clases privadas, y precisamente fue durante esa primera clase donde conocí su pasado.
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En la primera clase ocurrió que cuando le estaba dando sesiones de manoplas, Antonio J. se volvió como loco intentando golpearme la cara, así que intenté esquivar un primer golpe, luego un segundo e incluso un tercero, pero en el cuarto no me dio opción y a pesar de mis gritos de que parara, tuve que detenerlo de forma efectiva mediante un golpe que le hizo perder el aliento y con un barrido simultaneo que lo dejó indefenso en el suelo y medio inconsciente…
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Cuando se recuperó y ya más calmado, me pidió perdón y se excusó explicándome su lucha contra una ira interior que provenía de su pasado como sacerdote y haberse enamorado de una feligresa, y que por motivo de esa relación prohibida le llevó a romper con su vocación religiosa. La rebeldía y el remordimiento le llevó a apuntarse como militar voluntario a las C.O.E. (Cuerpo de Operaciones Especiales), donde tras licenciarse se puso a trabajar de comercial y por supuesto a aprender artes marciales. Muy avergonzado me dijo que quiso probarme para saber si yo era bueno… Al final nos reímos enormemente y trabamos una buena amistad dentro y fuera del tatami.
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Un tiempo después me llegó la oportunidad de regentar un club de artes marciales en Viladecans, el Gym Roureda, donde los días pares impartía clases el reconocido maestro de Kungfu, David Conches. Yo empecé dando clases de Karate y de Full-Contact los días impares. Como anécdota decir que al principio mis clases eran minoritarias, pero al cabo del tiempo empecé a tener problemas de plazas. A nivel de curiosidad, decir que siempre había un botijo con té frío para los alumnos y guantes para todos que, al ser compartidos, rezumaban con el tiempo un olor desagradable, un hedor de linimento y sudor. Para colmo, el local no tenía ventilación y el suelo era ¡¡de cemento!!.
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Hasta el inicio de 2003 no me llegó la oportunidad de cambiar de instalaciones, ya que el gimnasio se quedó pequeño y fue cuando me lancé a un cambio por instalaciones más grandes. Este fue el que considero mi primer centro y al que llamé, en honor a la enseñanza que daba, Full Karate Club. En aquel tiempo yo estaba subiendo a entrenar a Francia, concretamente al club parisino de Daniel Renneson que también se llamaba FKC. Tuve la suerte de entrenar en Francia con Renneson, el cual era alumno directo del gran Dominique Valera. Así que gracias a Renneson, pronto me llegó la ocasión de entrenar con el gran Valera en su club.
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Hablar de Valera es hablar de uno de los artistas marciales más grandes del mundo. Él me influyo en muchos aspectos deportivos y marciales. Por ejemplo, en ese entonces yo estaba muy dedicado a las exhibiciones y un plato fuerte mío de las mismas eran los rompimientos. Mi especialidad era romper barras de hielo llegando a un límite personal de 8 barras de hielo de 20 kilos cada una, haciendo un muro de hielo de 160 kilos, pero en las exhibiciones no pasaba de 6 para asegurar el éxito.
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Solía entrenar estos retos directamente en la fábrica de hielo que los producía, cada vez que iba a entrenar, con el permiso de los dueños, era un show para los trabajadores porque apostaban si me rompería el brazo en esa ocasión o no.
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Es un rompimiento muy peligroso y de gran dificultad, y en una de mis exhibiciones que hice para recoger fondos para la cruz roja, el suelo del pabellón estaba muy resbaladizo y en el momento final ese detalle me hizo perder, por accidente, el equilibrio y la concentración, acto que pagué con rotura del antebrazo.
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Valera me dijo, cuando se lo expliqué, que hacer rompimientos era un error y lo pagaría con artrosis… que era algo que nadie puede evitar, golpear con las articulaciones materiales duros es una práctica muy funesta. Hoy en día me alegro de haberle hecho caso.
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Subí en varias ocasiones a entrenar con Valera a Francia y por fin me lo pude traer, para dar un gran seminario en Barcelona. Yo en aquel entonces era director técnico de la O.E.D.C. (Organización Española de Deportes de Contacto), que fue una de las pioneras organizaciones de contacto que hubo en España. Al principio la OEDC funcionó con mucha ilusión y muchos eventos, pero al final surgieron serios problemas en la dirección de dicha organización, que prefiero no mencionar y que me obligaron a dimitir.
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En dicha situación fue cuando desde WAKO Inglaterra se me pidió que fuera el presidente que llevara WAKO (World Association Kickboxing Organitation), la organización de kickboxing mas importante del mundo, en España. Acepté y para mí fue un gran honor, durante mi cargo llevé equipos de competición por todo el mundo, desde Estados Unidos a Moscú; lo que ocurrió es que los costes de semejante esfuerzo económico, y el no contar con ningún tipo de ayuda y esponsorización hizo que a los dos años de presidencia, estuviera literalmente en bancarrota.
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Para agravar la situación, en Viladecans, mi gimnasio no iba bien, era un gimasio que tenía un ring de boxeo, pesas, tatami y sala de gimnasia. Había muchas actividades y pocos alumnos, los monitores iban y venían, las bajas eran muy comunes, así como los alumnos insatisfechos.
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La catástrofe llegó cuando el ayuntamiento de Viladecans abrió el primer centro deportivo municipal, con piscinas, salas de musculación y gimnasia a precios de derribo…
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Un escenario dantesco fue el día que, al abrir el gimnasio, solo estaban mis alumnos de Karate y Full-Contact, los demás habían desaparecido. ¡Estaba viviendo una auténtica película de terror!
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El resultado no tardó en llegar y pronto mi situación me llevó a la quiebra y tuve que ponerme muy a pesar mío a la acción de vender el local del gimnasio, con la esperanza que de venderlo podría pagar la hipoteca del mismo y aunque no ganará nada, al menos me quedaría sin deudas.
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Pero el tiempo pasaba y no tenía éxito, así que comencé a vender el equipamiento, primero una bicicleta, luego un banco y al final absolutamente todo menos el tatami.
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Los graves problemas económicos seguían creciendo… no podía pagar todos los gastos de agua, luz, hipoteca y préstamos que me hundían mes a mes. Empecé a trabajar los fines de semana en discotecas, unas veces de portero y otras de relaciones públicas.
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La vida me seguía enseñando en esta nueva etapa, ya que me chocaba ver alumnos que dejaban de entrenar conmigo alegando que no tenían dinero etc., para luego en los fines de semana reencontrármelos en la discoteca gastando a todo trapo.
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Por último, me enfrenté al gran dilema de la lucha de los dos tipos de alumnos que tenía, los que hacían Karate tradicional y los que hacían Full-Contact. El ambiente no podía ser peor, no había espíritu de escuela si no todo lo contrario en los vestuarios… donde reinaba la rivalidad. Por más que lo intentaba, no podía unir las dos filosofías marciales.
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Tras una noche en vela, convoqué a todos los alumnos de la escuela para comunicarles la decisión que había tomado y les expliqué que cerrábamos las dos últimas secciones de Full-Contact y Karate y que a partir de la semana siguiente empezaríamos solo con clases de Mugendo, que era el arte Marcial que estaba practicando desde hacía tiempo bajo la tutela de Meiji Suzuki y mi Sensei Rafael Nieto.
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La cara de estupor primero en todo el alumnado, el silencio después, y por último las quejas, me inundaron. La mayoría en ese momento, muy airados se borraron y el resto más educado simplemente me devolvió el recibo del mes, solo me quedaron 2 alumnos, uno de ellos por lealtad, compromiso y dedicación destacó sobre todos los demás… estoy hablando del tricampeón del Mundo Javier Sáenz, que es el actual director del centro de Mugendo mas importante de España: el club MUGENDO FKC de Viladecans.
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Hablar de Javier Sáenz, es hablar de compromiso. Actualmente compagina a la perfección la dirección del club, junto con su cargo de director técnico de la Federación Española de Mugendo. Mantener durante tanto tiempo esa relación marcial constante no es nada fácil y habla de lo mucho que la lealtad constituye junto con la palabra, los verdaderos valores marciales.
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Hoy en día se han recibido de cinturón negro de Mugendo más de 1.900 personas, y existen cerca de 40 Dojos de Mugendo en toda España, constituyendo la mayor cadena privada de artes marciales en nuestro país.
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Actualmente tenemos una escuela de formación de instructores que ayuda a que cualquier alumno que llegue a cinturón negro, que tenga pasión y aptitudes para ayudar y enseñar, pueda cumplir con el sueño de tener su propio dojo.
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Definitivamente, para mí, la transición fue un camino de perseverancia hacia adelante en donde las metas diarias me llevaron a un camino lleno de baches y piedras…


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